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Que con sombras hurtó su luz al día
(Cuarta parte)

XXX

Llegó. Yo estaba muy molesta. No comió. Le pregunté si iría a vender los pays y las manzanas. Ella dijo que no. Pero ella nunca decía que no.Pensaba irse y no me había dicho nada. Por la noche me senté frente a ella para que platicáramos. Le recordé que yo era responsable de su bienestar. Fue ahí que me confesó que regresaría a la frontera con su familia. Se iría al día siguiente por la mañana.

XXXI

“Cuídate mucho. No regreses con tu agresor. No permitas que nadie toque a tus hijos”. Me agradeció por todo y me prometió que estaría bien. Fue la última plática que tuvimos. Al día siguiente vinieron las trabajadoras sociales del Refugio para llevársela. Yo estaba intrigada porque ninguna de ellas me dirigió la palabra. Sandra tampoco se despidió de mí. Eso me sigue doliendo.

XXXII

Pasaron los días, pero yo no estaba a gusto. Indagué en el teléfono sin chip que le había prestado y pude contactarme con ella.

–¿Cómo estás?

–Bien, te voy a pedir un favor. Ya no me llames; no me mandes mensajes.

Ahí supe que estaba con él. Por último, le envié un mensaje de texto para decirle lo mal que estaba eso. Me envió la respuesta “Qué querías, que me prostituyera como tú… ja ja ja ja”. El mensaje tenía buena ortografía. No lo había escrito ella

XXXIII

A la siguiente semana vino una amiga a pedirme un celular y le presté el mismo que usaba Sandra. Ella fue la que descubrió todos los mensajes. Eran mensajes molestos, de humillación. Y ahí estaba toda la historia inventada para el Refugio. Los mensajes no sólo eran de él, también eran de su suegra.

Ahí recuperé el número de su hermano y le llamé. Ellos no sabían nada. La estaban esperando porque del Refugio se habían comunicado con ellos para que la recibieran. Pero Sandra ya tenía una semana en la frontera.

XXXIV

Su hermano me pidió toda la evidencia de los mensajes. Entré nuevamente a sus redes sociales y el esposo de Sandra se dio cuenta. Empezó a mensajear para insultar al hermano de Sandra. Todos eran amenazantes. Amedrentaba con matarnos. “Yo tengo la sartén por el mango. Tengo lo que ustedes quieren y no la busquen porque la voy a matar”. Dijo que tenía mi dirección.

XXXV

Una tarde me llamó una compañera del Refugio para decirme que él había cumplido su amenaza. La había matado a golpes. Ese día habían encontrado el cuerpo de Sandra. Fue un lunes, el 7 de septiembre de 2020. Pude ver su sepelio en un video y me puse muy mal. No tenía a nadie a quien abrazar, con quién desahogarme. Y me sigue doliendo su dolor. Me duele que las autoridades no hagan nada. Es una injusticia.

No puedo dejar de preocuparme por sus hijos que están en manos de la familia de él. ¿Qué pasa con las autoridades?

XXXVI

Sigo yendo al Refugio. Todo esto ha sido muy difícil para mí. Quiero que todas puedan lograr salir de todo esto. Que podamos ver la realidad de otra manera. Si yo llegara a tener mucho dinero, mi casa la convertiría en un Refugio para llevármelas a todas. Mi frase al salir del Refugio fue “La vida sigue, tengo que echarle ganas por mis hijos. Soy lo que soy por ellos, porque sólo nos tenemos a nosotros”.

No todas las mujeres estamos destinadas a una muerte por violencia.

Podemos empezar de nuevo. Yo lucharé hasta el último suspiro.

Rómpase en caso de emergencia

Rómpase en caso de emergencia:

un verbo para fabricar el 0

cuando el humo de los escapes

te envuelvan con las manos

adiestradas de tornillos

y revientes el rostro de las muchachas

que vuelven a ti repetidamente

cuando todas las pieles

sardinas precoces adentro y afuera

con espanto

rompen la ciudad tan profunda

que se arden en ella en sus salones de espera

en sus estadios en sus domingos familiares

unos contra otros como círculos mecánicos corriendo

alrededor de las fuentes inclinando la sonrisa

hacia donde los náufragos

dibujan los muelles que están a punto

de hundirse como un golpe

un desembarco

movido por las aguas en el cráneo.

Cynthia Rodríguez Leija

Escritora y activista social. (Nuevo Laredo, Tamaulipas, 1974). Becaria del Programa de Estímulos a la Creación convocado por el Gobierno del Estado de Tamaulipas. Diplomada por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Imparte talleres de literatura, promoción y comunicación cultural. Recibió el premio de poesía Juan B. Tijerina convocado por el estado de Tamaulipas y el Premio Nacional “Ramón Iván Suárez Caamal” convocado por el estado de Campeche. Ha publicado Oscuro zodiaco (colección El Ala del Tigre, Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM); Reinos de ciudad (Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes); Aquella voz que germina, ensayos de la literatura tamaulipeca (Editorial Colección Centenarios), la plaqueta Ríos de tinta (La Casa Redonda, Norteña Editores); Kinim (Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes), y las ediciones digitales Estación Pandura; Galáctica: los testimonios del Barrio Rojo, y No hallé cosa en qué poner los ojos

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