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La casa Cámara Zavala…

Un pedacito de historia, inigualable e irrepetible.

Hace apenas poco tiempo, las dueñas actuales de una de las casas gemelas ubicadas en Paseo Montejo, tomó la decisión de abrir sus puertas al público y dar a conocer una sección de esta y su contenido.

Es difícil saber a qué obedeció tal decisión y cuáles eran las expectativas al hacerlo. Lo real es que quizá, nunca imaginaron el éxito que iban a tener. ¿Y por qué tanta gente joven y no tan joven ha acudido a conocer a ese emblemático domicilio? La respuesta la encontramos en las historias populares creadas en torno a ellas y, obviamente, en su enorme parecido que hicieron que se les llamara “las casas gemelas”. A esa característica debemos sumarle el cuento de la sociedad decía que, entre ellas había un pasillo que las comunicaba secretamente. Está tan arraigado ese mito, que hubo gente que le preguntó a una de las dueñas sobre la existencia del túnel.

El domingo 31 de enero, al mediodía, había cola para ingresar al lugar

El lugar emociona. Su belleza sacude las entrañas. La grandeza se hace sentir viva y efectiva en los sentimientos humanos. Produce sensaciones más allá de la emoción en cada detalle y en su conjunto. Probablemente se deba a que, representan la fuerza de la belleza de una época signada por el uso de elementos naturales para su confección: pisos y columnas de mármol de carrara, vitral en el techo, lámparas de bronce y cristal cortado, estucos hechos a mano, espejos de cristal de luna, muebles de maderas finas, utensilios de marfil y tibores de porcelana china pintados a mano. Todo ello, desde los planos hasta el mobiliario traído de Francia y por eso, ese país considera a esos palacetes patrimonio francés en el exterior.

He conocido tres comedores históricos de Mérida. El de la Casa Montejo, el de la Montes Molina y el de ahora, perteneciente al de la casa Cámara Zavala, dueños originales de esos preciosos lugares.

Un multimillonario actual difícilmente podría edificar una construcción de tal naturaleza. Probablemente se le iría gran parte de su fortuna en ella.

A la entrada, un alto y amable señor llamado Luis Felipe Vales, nos da la bienvenida y nos pone en manos de quien hará la guía y dará las explicaciones de lugar. Él, se las sabe de todas, todas. Y es un magnifico y pendiente anfitrión.

Después de conocer estancia, salas, salones, comedor, salón de billar y la escalera de acceso al segundo piso, llegamos directo al otro extremo de la casa, que es la salida hacia la calle. En ese pequeño espacio, hay gente que se detiene y charla amenamente. Lo hacen con una de las dueñas, con Maruja Barbachano, a quien saludo muy emocionado y ella me contesta que se emociona con mi emoción. Casi cierra los ojos, se sonroja y me da las gracias.

Yo salgo agradecido porque me han elevado el espíritu hasta un punto inimaginable. Ha sido un domingo extraordinario de tanto placer, por un pedacito de historia, pero de esa profunda, inextinguible, inigualable e irrepetible.

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