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Alma Reed, una gran mujer más allá de Peregrina

“Peregrina de ojos claros y divinos
Y mejillas encendidas de arrebol.
Mujercita de los labios purpurinos
Y radiante cabellera, como el sol”
Luis Rosado Vega

Me causa admiración cómo la moralina conservadora norma aún el criterio de una gran cantidad de gente que, además, lo expresa con una furia digna de mejores causas, cada vez que, públicamente, se toca el tema de la presencia de Alma Reed en Yucatán. Esta triste y lamentable mirada parcial y sesgada, sólo mira en Alma Reed su relación con Felipe Carrillo Puerto, y campantemente ignora quien fue realmente Alma Reed, mujer culta,  preparada, y además, una gran activista e impulsora de la cultura mexicana en el extranjero. Todo se constriñe a una estéril batalla sobre si Carrillo Puerto hizo la Ley de Divorcio a la medida de sus deseos, si estaba ya divorciado o no cuando inicia su relación con Alma. Y esas tristes miradas moralinas, ¡Qué no morales! No miran que, ambos, Alma Reed y Felipe Carrillo, tienen los méritos suficientes para ser considerados grandes personajes de nuestra historia local, por encima de estas endebles argumentaciones decimonónicas y conservaduristas. Es necesario, más bien indispensable, saber quién fue Alma Reed y cuál fue su acción bienhechora en el mundo de la cultura universal, pues sus acciones no se constriñeron a México, su labor cultural abracó mucho más, trascendió fronteras.

Alma María Prescott Sullivan Reed, nace en San Francisco, California, USA, realiza estudios profesionales en la famosa y prestigiada Universidad de California, dónde después de hacer su licenciatura, hace un posgrado de especialización en religión antigua, arqueología e historia. Muy pronto destaca por sus propios méritos y llega a ser considerada una gran crítica y cronista de arte en uno de los periódicos más importantes del mundo, el “New York Times”, donde firma y se da a conocer sencillamente como Alma Reed. Su primer contacto con México se da al cubrir un reportaje en la cárcel de San Quintín, en California, dónde conoce el caso de un joven mexicano, menor de edad, que había sido condenado a muerte. Alma emprende una campaña periodística descalificando la aplicación de la pena de muerte a un menor de edad, campaña que llega a oídos del Gral. Álvaro Obregón, quien mediante gestiones diplomáticas logra la liberación del joven. Obregón, admirado por la labor de Alma, la invita a México, dónde le hace un gran homenaje por su labor humanitaria. Ahí, Alma entra en contacto con José Vasconcelos y con ello con todo el movimiento cultural conocido como Nacionalismo Mexicano, en especial con los grandes pintores muralistas, y los músicos de esa misma corriente.

Su periódico, el New York Times, le encomienda un reportaje sobre la ciudad maya de Chichén Itzá, y aprovecha el viaje de Vasconcelos a Yucatán para cumplir ese cometido, y viene cómo parte de la delegación del Secretario de Educación. Así se da el histórico encuentro con Felipe Carrillo. Este viaje se realiza en 1923. Apuntamos que, la Ley de Divorcio, la promulga Carrillo Puerto en 1922, antes de la venida de Alma, lo cual echa por tierra las especulaciones sobre que la ley la hizo Felipe a su conveniencia, o será que, como dice la canción yucateca: “antes de conocerla la adivinó”. (Cita de un artículo de Antonio Betancourt) Alma, que era socialista activa en USA, encuentra en Felipe Carrillo una alma gemela a la suya, y por eso se da la profunda relación entre ellos. De regreso a CDMX, se dedica a abrir espacios para los pintores muralistas en USA, en especial José Clemente Orozco y Diego Rivera, que por su gestión logran espacios de gran importancia en la unión americana para plasmar su obra. También apoyó la estancia y estudios del gran músico mexicano Carlos Chávez. Fue la gran impulsora de la obra de Orozco, para quien logra exposiciones en New York y luego en Europa, siendo la más importante la de París. Además, fue una gran promotora de las culturas prehispánicas mexicanas en USA, así como de las culturas griega y libanesa.

Siguió practicando el periodismo toda la vida, destaca su labor en el periódico mexicano “Excélsior”. Por su importante labor por la cultura mexicana, el 9 de junio de 1961, el presidente Lic. Adolfo López Mateos le confiere la condecoración del Águila Azteca. Su amor por Carrillo ¨Puerto y Yucatán los conservó toda la vida, por eso, a su muerte, el 20 de noviembre de 1966, dispuso que su cuerpo fuera cremado y sus cenizas depositadas en Yucatán, junto a Felipe Carrillo Puerto. El Gobierno del Estado cumplió su voluntad y le otorgó una fosa en el Cementerio General de Mérida, frente a la Rotonda de los Socialistas Ilustres. Para su tumba, el escultor Rómulo Rozo realizó una sencilla columna de inspiración mayista que puede verse ahí aún.

Alma Reed, fue una mujer de cultura universal, una mujer empoderada por sus propios méritos, un alma libre sin ataduras ni convencionalismos, socialista y progresista, una figura de gran talla que, va mucho más allá de la románica historia cantada por Luis Rosado Vega y Ricardo Palmerín en “Peregrina”, que es sin embargo la imagen con que casi todos la conocemos.

“Cuando dejes mis paisajes y mis tierras / peregrina del semblante encantador, / no te olvides, no te olvides de mi tierra. / No te olvides, no te olvides de mi amor”.

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