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ESTELITA PUERTO DE POMPEYO EN EL RECUERDO DE UN JOVEN

La tercera edad tiene la virtud de que con mucha frecuencia te hace presente el pasado. No lo solicitas, cuando de repente se aparece un recuerdo y contemplas todo en él, hasta con lujo de detalles. Así me ha sucedido con lo siguiente que quiero compartir.

De pronto, me vi en una pequeña sala de espera perteneciente a un antiguo negocio llamado casetas de larga distancia, por medio de las cuales uno podía comunicarse a cualquier parte del país o el extranjero, por tiempo y costo o por cobrar al número telefónico marcado. En este último caso, el operario al obtener respuesta decía “le hablan de Mérida Yucatán por cobrar, ¿acepta usted la llamada? Si la respuesta era positiva, te informaba que “está lista su llamada… pase usted a la caseta número tres”
Si por el contrario uno pagaba la llamada, daba el número de teléfono, nombre de la persona y al rato le decían “pase a la caseta uno”. Al finalizar daban el coste, se pagaba la llamada y tan-tan.

En el cruce de las calles 59 con 64, contra esquina a teléfonos de México y frentito a la clínica del IMSS, existió una caseta de tal naturaleza. Yo acudía con mucha frecuencia a ella. Tenía tal demanda que parecía consultorio médico lleno de pacientes esperando su turno. El único entretenimiento en aquel entonces era establecer plática con alguien y no sentir la densidad de la espera. Platicador hasta las cachas, trababa plática con la operaria del lugar. Era una señora muy amable, amena y de voz encantadora. No recuerdo que platicábamos un chamaco de 17 años y una señora entrada en edad. Lo cierto es que, en una ocasión, hablábamos de las serenatas de Santa Lucía y se comenzaron a hilar lugares, circunstancias y nombres de personas afines. ¿Doña Mimí? ¡Claro! ¿Rosita Caballero? ¡También! Así fue tomando rumbo nuestra platica, hasta llegar a Bellas Artes que se encontraba a media cuadra de ese lugar. ¿Y tú, cómo te llamas, qué estudias? ¡Tal y tal! Chamaco, al fin y al cabo, no tuve la curiosidad de averiguar mayormente sobre ella.

En casa siempre fuimos muy afectos a la lectura de revistas y periódicos. Un día leyendo los suplementos culturales, me encontré una foto de una persona muy parecida a la operaria de la caseta de teléfonos.

Cuando regresé para una nueva llamada a la ciudad de México, le conté que había leído un texto sobre música maya que era mi pasión y había visto una foto de una persona muy parecida a ella. ¿Cómo se llama usted? Estelita Puerto de Pompeyo- respondió. ¿Es usted la que hizo la misa maya? “Así es, joven”. Me sentí emocionado de conocer a alguien tan importante. El nombre de la compositora lo había escuchado muchas veces, por otras de sus composiciones.

Hoy, 2021, me puse a investigar si aquel trabajo lo había desempeñado en realidad doña Estelita y le hablé a Felipe García, quien tiene una biografía de la señora en la internet. “No se que ella haya tenido un trabajo así. Yo la conocí, platicamos mucho, pero no sabía de eso”. Perdóneme la molestia, no me gustaría cometer un error en el caso de doña Estelita, por eso le hablé. De cualquier manera, daré a conocer esta anécdota, por si alguien la lee y corrige ese dato o lo abunda. Gracias. “Para servirle”.

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