Bienestar Espiritual

Una juventud sana, con valores y educada salvará a nuestra sociedad

Desde la más tierna edad los niños deben ser bien conducidos por sus progenitores a fin de no permitirles desviaciones de las que más tarde sería imposible de corregir. La voz del Espíritu Santo nos enseña: “Cuando aumentan los impíos, aumenta la transgresión, pero los justos verán su caída. ¡Corrige a tu hijo y te dará descanso, y dará alegría a tu alma! Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena, pero bienaventurado es el que guarda la ley…” (Proverbios 29:16-18).

Lamentaciones tardías serán siempre inútiles. Corrección a tiempo y oportuna garantiza paz en el alma de los padres, porque más vale causarles a nuestros hijos pequeños un dolor, evitando que crezcan encaprichados y en libertinaje. Es muy cierto que cuando aplicamos correctivos, nos duele hacerlo, porque tenemos falsos sentimentalismos. Ahora que somos padres, tenemos muy en nuestro interior el no repetir la dureza disciplinar con la que nos educaron. Ahora preferimos que nuestros hijos vivan a sus anchas, con todos los adelantos tecnológicos, con comida rápida, abundante, con muchas gaseosas y los antojos que deseen. Los estamos convirtiendo en seres sin control de su voluntad, sin control de tiempo, que duerman cuando y cuanto les plazca. ¡Pobres papás cuando no puedan complacerlos! ¡Qué dramas tan horrorosos ya se viven por esta causa!

-¿No hemos aprendido lo que nos enseña el Espíritu Santo? ¿Creemos que nuestra forma de ser y actuar es la de concederles todo cuanto exijan? ¿La vida cristiana solamente la van a vivir en pareja (los papás) y a los hijos, no hay que exigirles que vayan al templo los domingos para agradecer a Dios el don de la vida?

La mayoría de los papás actuales piensan que NO DEBEN OBLIGAR A QUE SUS HIJOS vayan dominicalmente a los servicios religiosos, porque son ellos los que deben decidir libremente. Si es así, ¿para qué Dios nos presenta ejemplos de familias bendecidas y comprometidas con Él? ¿No recuerdan qué hacía Job por todos y cada uno de sus hijos? Ya se les olvidó la actitud de JOSUÉ? ¿A caso, dijo Josué que solo él y su esposa servirían al Señor? Tengan presente sus palabras: “Pero en cuanto a mí y a mi familia, ¡nosotros serviremos al Señor!”
No perdamos la cabeza, no caigamos en el desorden y en la arrogancia. El Espíritu Santo Bueno y Vivificador nos está invitando a que le escuchemos atentamente y sigamos sus sapientísimas indicaciones. Solo así no tendremos de qué lamentarnos. Mientras nuestros hijos estén en nuestra casa, bajo nuestro techo, aunque se incomoden, hagamos que nuestras familias unidas escuchen la Palabra de Dios, sin caer en fanatismos enfermisos, le agradezcan por tantos beneficios, aprendan de nosotros sus padres, LA GRATITUD HACIA DIOS, aunque les cueste trabajo y lo hagan con dolor. Ya los padres de familia se encargarán de hacer que sea su ejemplo y perseverancia la que los haga permear EL PODER DE LA PALABRA DIVINA.

¡Cuánta razón tiene LA PALABRA DE DIOS, quien siempre quiere guiarnos por el camino de LA SALUD INTEGRAL, al señalarnos lo que debemos hacer en bien de los nuestros, a fin de tener hijos maravillosos que sean causa de nuestra alegría y no hijos de la calle que desde temprana edad se afilien a bandas delictivas. Esos hijos que no supimos educar, serán un dolor de cabeza, una tristeza del alma que nos hará bajar a la tumba con una conciencia adolorida por no haber puesto en práctica y por no haber escuchado atentamente la Palabra de Dios.

Los niños NO VIENEN FALLADOS, pero sí reclaman unos padres sanos, sabios, fuertes de carácter y responsables que los sepan educar. De no ser así, habremos fallado como padres y hasta la misma sociedad tiene que pagar nuestros errores por nuestra negligencia y falta de sensatez. Los delincuentes organizados y desorganizados lastiman a nuestra sociedad, pero nosotros mismos los hemos formado con tanta permisividad, tanto libertinaje y por no haber sido sabios en educarlos. Ese cáncer social lo hemos hecho todos y lo seguimos fomentando. Ya hace falta que nos decidamos a ser altamente responsables en la educación de nuestros hijos y en el cultivo de una espiritualidad con valores a fin de que emerja una NUEVA GENERACIÓN DE JÓVENES ALTAMENTE RESPONSABLES, CON FORTALEZA DE ESPÍRITU, LLENOS DE VALORES, DE CONOCIMIENTOS Y BIEN DISPUESTOS A CAMBIAR TODO EL SISTEMA CORRUPTO QUE TENEMOS, HACIENDO DE NUESTRO MUNDO UN HABITAT MARAVILLOSO Y DIGNO DE LOS HIJOS DE DIOS.
Exclamemos todos a una sola voz ante la presencia de Dios: “¡De ahora en adelante, corregiremos a nuestros hijos con valor, sin que nos tiemble la mano, porque solo así tendremos años de dicha, de paz, de salud, de bienestar, de prosperidad hasta que el Señor nos llame a Su Presencia y bajemos a la tumba con la alegría del deber cumplido.

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