Bienestar Espiritual

“SAN ZAQUEO, 1er. OBISPO DE CESAREA y 4º. DE JERUSALÉN”
(San Lucas 19:1-10).

Este JEFE DE RECAUDADORES DE IMPUESTOS, tan despreciados en Israel por considerarlos enemigos del Pueblo de Dios, porque eran voraces extorsionadores que aprovechaban su puesto para enriquecerse ilícitamente, ya tenía bastante información de la presencia del Mesías. San Zaqueo tenía su morada en Jericó y, alguien le informó que en ese día El Mesías vendría a su ciudad.

Zaqueo, se encaminó justo en el momento en que Jesús pasaba por ese bellísimo camino que daba acceso a la ciudad de Jericó y al considerar su corta estatura, que ante la nutrida multitud le sería imposible poder verlo, corre más adelante y trepa a una rama de sicómoro para poder tener un sitio privilegiado. Cuando algo nos interesa, somos ingeniosos y de cualquier manera logramos nuestros propósito, tal como Zaqueo lo hizo. Ya en esa rama alta, él mismo demostró su gran interés de conocer al Mesías, porque ese vacío espiritual, reclamaba algo más importante que sus riquezas. Esa forma de actuar tan atrevida, lo hizo tan notorio, que ahora Jesús es quien ve a este hombre y le llama por su nombre. Cristo Dios, queda impresionado y le dice algo inesperado que la misma gente que lo seguía no comprende y se incomoda ante la actitud de Jesús, quien le dice: “¡Zaqueo, baja en seguida! ¡Tengo que quedarme hoy en tu casa!

Esa distinción jamás la hubiera recibido Zaqueo en la comodidad de su casa. Todo esto se debió a la decisión de CONOCER AL MESÍAS, venciendo todos los impedimentos que se le presentaban, tales como la mala fama y las críticas de la gente a la que él extorsionaba, incomprendía y menospreciaba y, su corta estatura, que ante la gente que en su mayoría tenía talla alta, le eran un estorbo para ver a quien tanto anhelaba conocer. Su corazón palpitaba, no porque la gente lo mal viera, sino porque algo extraordinario le esperaba: Ser llamado por su nombre y hospedar en su casa con toda su familia al Salvador por esa noche de gracia. La expresión del rostro de Zaqueo cambió y la alegría llenó su alma, que corrió de prisa para hacer los preparativos para que el Señor cenara con todos los suyos en esa casa que recibía al mismo Salvador como su salvación.

Zaqueo sabía lo que hacía y lo que quería. No estaba atento a las críticas de la gente y a su algarabía, sino que solo tenía ojos para ver a Jesús y oídos para escuchar su invitación y su divino mensaje. Si Zaqueo se hubiera puesto a considerar las inconformidades de la gente, si se hubiera detenido por su corta estatura y no hubiera vencido todo complejo, se hubiera quedado en la basura. Él no hubiera hecho historia ni habría pasado a la historia ejemplar en el Evangelio y no hubiera sido el PRIMER Obispo de Cesarea y el 4º. Obispo de la ciudad Santa de Jerusalén. Si nosotros solo consideramos las dificultades que nos imposibilitan NUESTRA VERDADERA COMUNIÓN CON CRISTO, estamos perdiendo el tiempo y solo nos asemejamos a la multitud que forma el grosor de la iglesia, por no atrevernos a vencer “LO QUE DIGAN O PIENSEN DE NOSOTROS LOS DEMÁS”, o porque estamos conformes con lo poquito que tenemos, cuando teniendo al Señor SE TIENE TODO y se gana hasta la salvación eterna. Zaqueo estuvo atento no a la gritería de la gente, ni a sus críticas e incomprensiones. Estuvo atento a la voz del Señor, se esmeró en ofrecerle la mejor recepción, mantuvo una conversación oración directa y terminó convencido de que el Señor era el Mesías y su conversión lo llevó a entregar la mitad de su riqueza para la gente pobre y si alguien le reclamaba algo por haberse sentido extorsionado, le devolvería cuatro veces más de lo reclamado, porque desde aquella hora se decidía a vivir en santidad y justicia. Desde ese momento glorioso, recupera el verdadero significado de su nombre: El puro, el inocente ante los ojos de Su Salvador.

Cristo, el Salvador, al visitarlo provocó el cambio total de la vida y la familia de Zaqueo y finalmente exclamó el Señor: “¡Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que este también es hijo de Abraham! ¡Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido!” ¡Reparemos que la salvación debe llegar a todos los de la casa para que el gozo sea completo!

Al encontrarnos con el Salvador y entrar en comunión con Él, si nuestro diálogo-oración es como el de Zaqueo de atento, humilde, ferviente, sincero y atrevido, tengamos la seguridad plena de que en verdad estaremos experimentando EL GOZO DE LA SALVACIÓN, teniendo asegurada nuestra vida y nuestro nombre en una bella página en la historia e inscritos en el Libro de la Vida.

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