Bienestar Espiritual

¡Hagamos de nuestra juventud presente un ejército de guerreros!

“El Señor hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis alturas; Quien adiestra mis manos para la batalla, para entesar con mis brazos el arco de bronce. Me diste asimismo el escudo de tu salvación; Tu diestra me sustentó, Y tu benignidad me ha engrandecido.” (Salmo 18:33-35).

LA PANDEMIA ES UN MAL DEL MILENIO, pero inteligente y sabiamente aprovechada haremos de ella UNA OPORTUNIDAD de demostrarle a nuestro Dios que su divina Imagen aún funciona y funciona bien. A nosotros mismos y a la sociedad, le hablaremos con nuestros hechos, que el Gran Don Divino nos da la capacidad creativa e inventiva para cambiar hasta el modelo religioso, político, social y económico del ayer y lograr nuevas formas donde lo que ya no es funcional, ahora con esa gran ayuda de la inteligencia artificial, sea una novedad que lo revolucione todo para bien de nuestra sociedad.

¡Aprovechemos estos tiempos tan difíciles, tan duros y tan dramáticos para que nuestra juventud se fortalezca! ¡Convenzámonos que los tiempos donde la lucha por la existencia es extrema, es la que fragua hombres fuertes que serán capaces de hacer que los tiempos mejoren! Los tiempos fáciles propician que surja UNA NIÑEZ SOBREPROTEGIDA, UNA JUVENTUD ENAJENADA Y UNOS HOMBRES DÉBILES.

El tiempo de los incontenibles avances tecnológicos está dando origen a una niñez entretenida en lo digital, pero inactiva, enajenada y poco social. ¿Cuál será su futuro? ¿Qué estamos haciendo los adultos para ayudarlos a no ser dependientes de ese casi infinito mundo de las redes, que tanto tiempo los absorben? No olvidemos que TODOS NECESITAMOS LA ACCIÓN. ¿De qué nos serviría todo un mundo lleno de increíbles teorías, de bastas potencialidades, de tremendas tareas que urge sean realizadas, ya que serían de vital importancia, pero nadie estaría dispuesto a ser ese brazo ejecutor? Esa niñez sobreprotegida está clamando a gritos que sus padres les dosifiquen las horas digitales y los impulsen a actividades espirituales de gratitud, de adoración, de alabanza y desde allí, propiciar el ambiente para incursionar en la creatividad, el deporte y lo social. Descuidar la niñez tal como lo estamos viendo, es altamente criminal, porque estamos dando origen a una juventud de parásitos con un elevado potencial delincuencial.

Este tipo de jóvenes ya en edad productiva, se destacarán en irresponsabilidad, en negligencia, en enajenación, que pondrán en riesgo la prosperidad de naciones enteras. Aún estamos a tiempo de corregir eso que no ha tenido un buen comienzo.

Es muy cierto que la vida es una encarnizada lucha contra la maldad, pero la Pandemia es una magnífica oportunidad para que nuestra juventud se posicione y nos arrebate el liderazgo a fin de hacer de nuestra labor diaria no una rutina, sino una acción impregnada de dinamismo, de perfección y de alta calidad, que aunada a la tecnología, haga que el mal no perjudique tanto a nuestra humanidad. Lo ideal sería que desapareciera toda maldad, pero eso es un sueño… ¡Tan solo un sueño inocente! Sin la maldad y sin la lucha en su contra, nuestra vida en la tierra carecería de sentido. Es por ello que luchemos sin descanso hasta que: ¡HAGÁMOS DE NUESTRA JUVENTUD PRESENTE UN EJÉRCITO DE GUERREROS QUE VAN POR LA VICTORIA!
Jóvenes: ¡No se cansen, alimenten su esperanza, prepárense porque su victoria está muy cerca! ¡Adiéstrense porque Dios tiene un plan para todos, porque ve en todos ustedes una gran esperanza para toda la humanidad!

¡Cristo está en sus corazones y en Él y por Él ustedes tienen todo el poder en sus manos! ¡Crean que ninguna arma del enemigo prosperará contra ustedes, porque ustedes tienen el cielo abierto y ninguna pandemia es tan poderosa ante ustedes, porque ya en la Cruz obtuvimos la victoria y en las llagas de Cristo hemos sido sanados!

Jóvenes: Solo el Señor tiene el poder de cambiar y moldear su carácter y hasta su condición espiritual, social, cultural y económica… ¡Créanle al Señor, escúchenlo, descubran la voluntad divina en ustedes y a cumplirla! ¡Pónganse en sus manos divinas, porque solo así tendrán asegurada la victoria!

P. Cosme Andrade Sánchez+

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