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Apuntes desde mi casa

Teatro a domicilio

Ha estado circulando en Facebook un llamado manifiesto titulado Arte Vivo Digital, en el que se exponen las bondades cibernéticas, como los medios de difusión. Para tales efectos, aborda su relación con el arte teatral, concretamente.

Los personajes ligados a la escena, urgidos por encontrar una solución a las salas vacías a partir de la pandemia, han buscado nuevos caminos, algunos ya recorridos, otros de reciente paso.

Es de entenderse que, durante algunos años, las personas prudentes evitarán las aglomeraciones en espacios cerrados, entre ellos, los edificios teatrales. Los aficionados a esta disciplina seguramente buscarán la forma de conocer escenificaciones a través de las modalidades actuales, en pantallas caseras, sea televisión, computadora, tableta o teléfono inteligente.

Tengo entendido que existen foros como Facebook, YouTube, Zoom, VOD Channel, Spotify, y otros clasificados como streaming (qué terquedad la de usar términos en inglés) en los que se pueden divulgar trabajos de diversa índole. Supongo que a ellos se refiere el manifiesto.

Tal vez el acceso a estas figuras virtuales y el modo de pago por disfrutar sus desempeños artísticos, no sean fáciles para quienes pertenecemos a generaciones ajenas a la tecnología. Pero invita a marcar una nueva línea de educación cultural para quienes no les sean complicados dichos oficios.

Me figuro que las presentaciones serán grabadas y difundidas, como los tele-teatros de antaño, cuando las imágenes eran en blanco y negro. O transmitidas en vivo, como opera el Global Theatre de Londres, consagrado a las obras de William Shakespeare, y que felizmente, el canal Film and Arts repite con frecuencia por Sky.

Ver teatro desde la comodidad del hogar, siempre ha sido una buena opción.  En Mérida, “Titeradas”, continúa ofreciendo sus funciones, en línea. En México, igualmente, el distinguido actor Ignacio López Tarso emplea la tribuna del teatro en atril.

 Queda también la alternativa de ofrecer obras cortas presenciales en espacios abiertos, el jardín o la terraza de alguna residencia, dirigidas a unas veinte personas, en la tarifa de una representación exclusiva y, a elección, la iniciativa de agregar bebidas y refrigerio. (Aquí recordamos el café-teatro de Eric Renato Aguilar, con público no mayor de 50 personas). O llevar monólogos a una sola persona, a una reducida familia, previo acuerdo de honorarios. Como quien dice, teatro a domicilio, acontecimiento derivado de circunstancias imprevisibles.

 La sociedad civil deberá involucrarse en apoyo a estas manifestaciones del arte, para que continúen vivas, de manera digital o no. Hace casi treinta años, en Nuevo Laredo, mi grupo “Las Veces de Voces” se presentó en terrazas, sótanos, clubes de servicio social, auditorios, garajes de casas particulares, siempre ante corto público, para promover el teatro y la poesía, pero sin fines de lucro. La sociedad civil respondió con respaldo en especie: gasolina para el transporte, papelería, utilería, cortesía para cenas, y otras atenciones.

 El amor al teatro concede ilimitadas formas de realizarlo. La muestra está, por ejemplo, en los afanes de Silvia Kàter por contagiar su vocación por el espectáculo del tango o por sus trascendentes enseñanzas acerca de El Quijote, Moliere, el feminismo y otros temas. Asimismo, Juan Ramón Góngora lucha por preservar el género clásico, y tantos compañeros suyos, de otros grupos, son merecedores también de nuestro voluntario soporte para que el buen teatro no muera. En ninguna parte del mundo.

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