Bienestar Espiritual

LA TRISTEZA DEL ALMA ES EL CAMINO SEGURO A LA MUERTE

Cuando las desilusiones llegan a nuestro corazón, cuando el decaimiento es el reflejo de algo que nos aflige, estamos ante un severo cuadro depresivo. Muchas veces, a muchos nos consta que una cara triste nos está presagiando un inminente peligro que reclama auxilio inmediato, a fin de que recupere la normalidad y no caiga en una depresión más profunda de la que sea mucho más difícil el poder ayudarlo.

Nosotros los cristianos somos los que podemos ser los más indicados para ejercer este apostolado. Pero para ello se requiere el que nosotros seamos personas espirituales y llenas del Espíritu Santo, Bueno y Vivificador para que nuestros rasgos expresivos inspiren confianza y contagien de nuestro optimismo en quien o quienes están afectados por LA TRISTEZA DEL ALMA.

Esta depresión está presente en tantos seres humanos que por mil razones las provoca un agente común: EL VACÍO ESPIRITUAL. Ese vacío espiritual es el terreno propicio para que en él se desarrollen tantas frustraciones, tantas decepciones, tantos desengaños, tantas traiciones, tantos malos tratos que originan UN TREMENDO DESALIENTO; UNA FALTA DE FE Y DE ESPERANZA QUE, AUNADA AL DESAMOR, HACEN QUE LA PERSONA SE SIENTA TOTALMENTE SUBESTIMADA, INCOMPRENDIDA, DESPRECIADA Y HASTA CON UN DESEO PROFUNDO DE TERMINAR CON SU EXISTENCIA.

Ese vacío espiritual en estas personas enfermas del alma hace que “DE ALGO” se obtenga esa llenura y es así como toda la basura y los virus entran en el alma. No olvidemos que LA OCIOSIDAD juega un papel muy importante. Se pretende “matar el tiempo” con “algo” y es así como estamos incubando los peores sentimientos que pronto nos enfermarán y nos harán sufrir.

Respiremos profundamente y digamos con todas las fuerzas de nuestro corazón: ¡Señor, Dios Fuente de la Vida! ¡Hoy que me encuentro un tanto decepcionado, afligido y con mi autoestima tan baja, Te suplico, me concedas sentir lo mucho que me amas y todo lo bueno que para mí deseas! Para ello, expulso de mí interior, toda la basura que tanto daño me ha causado, en Tu Nombre y en el de Tu Amado Hijo y con el poder del Espíritu Santo! De corazón Te suplico que seas Tú mi Amado Jesús, quien me sane, me salve y restaure en mí todo, a fin de que la gracia divina me conceda llenura de mi alma y, yo, con todo mi corazón Te ruego vivas dentro de mí para que la Vida florezca y yo pueda continuar demostrando Todo lo bello que se puede alcanzar cuando nos llenamos de Ti y vivimos en Tu presencia amorosa que nos reviste de poder, de alegría y de esperanza. Amén.

P. Cosme Andrade Sánchez+

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