Opiniones

La de AMLO, una democracia moderna y desconocida en el País

No le voy a poner calificativos a la antigua realidad política del país. No soy acomodador, ni justificador de ella.  Solo voy a recordar que, en los tiempos del PRI, ese partido tuvo un dominio total de la sociedad mexicana.

Ese dominio político era una fuerza imposible de dominar. Ejerciéndose por los candidatos que eran ungidos para la función pública, desde la cual se presentaban como colosos invencibles, gigantes que dominaban todo panorama. Nadie, ningún mortal podía oponerse al discurrir de las ideas y las realizaciones de un político de tal naturaleza. Al decir todos, se incluyen empresarios, periodistas, intelectuales, agrupaciones de todo tipo, sindicatos, escuelas y hasta organismos eclesiales.

Los planes y proyectos de gobernantes como aquellos, no tenían oposición de nadie. Nada más hay que recordar a Luis Echeverria y López Portillo. Los gobernadores bajo esos presidentes eran vasallos incapaces de musitar un desacuerdo o una contradicción. Y cuando había visita oficial del gobernante, mandaban barrer y pulir el piso por donde las suelas de los zapatos presidenciales caminarían.

No lo dije yo. Lo dijeron los expertos en política, los analistas de esa profesión. Ellos decían que Fox y Calderón habían aprendido muy bien todo lo malo de los gobiernos priistas. Los panistas utilizaron a fondo, todos los beneficios que emanaban del presidencialismo que nos gobernó después de la revolución.

Los panistas hicieron con nuestra simbología patria, lo que les vino en gana y nadie o muy pocos se manifestaron agraviados.

“Sus deseos son órdenes, señor presidente”. Esas palabras tuvieron un peso muy especial con todos los presidentes priistas y panistas. Y los deseos eran cumplidos hasta con plus, para obtener de ellos su gracia y bendiciones.

Hoy, Andrés López Obrador tiene oposición del INE, ataques frontales de un grupo empresarial, palabras ofensivas de periodistas, alteraciones de la realidad en las plataformas digitales; sin embargo, él no castiga o reprime. Tampoco se da por ofendido y declara, públicamente, que hay derecho a disentir…pero pide el justo derecho a rebatir, o de réplica.

¿Está haciendo algo nuevo el presidente de la república? Me parece que no. Pienso que actúa de manera semejante a ciertos mandatarios de países del primer mundo. En Estados Unidos, cada entidad puede actuar de acuerdo a sus propias reglas, sin alterar los valores supremos de la Nación. Es decir, individuos o ciertos grupos de poder, no pueden estar más arriba que los significados de la patria.

Interpreto a López Obrador de esa manera. Aunque me preocupa su actuación. Y solo deseo que ojalá sepa muy bien lo que está haciendo.

No hay pruebas documentadas de que se esté enriqueciendo con el puesto. No lleva una vida llena de extravagancias como sus antecesores. Y aunque digan que sus hijos se la pasan en el jet set, quienes así dicen no saben lo que es vivir como Ivanka Trump, los duques de Alba, el principado de Mónaco, la realeza inglesa o el propio Putin. Ni hablar de los jeques. Lujo es lujo. Ahí no hay medianías. Elie Saab no es comparable a la costurera del rumbo. Ni Cartier tiene equivalencias en la perfumería de Avon. Ni Slim ni Salinas Pliego, llevarían en su vida diaria indumentarias y fragancias de los creadores señalados.

Por eso, cuando los enloquecidos políticos de hoy, desde la oposición dicen “¡Vamos a defender la democracia!”, en realidad se refieren al status en el que hicieron sus vidas pasadas, ese status al que quieren regresar para mantenerlo como un status quo.

Deseo que AMLO le de continuidad a su proyecto de la Cuarta Transformación.

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