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“La salud está en la gratitud”

La mayoría de nuestra juventud está enferma y padece demasiados dolores, pero los más preocupantes y más crueles son los que les nublan la razón, dan rienda suelta a sus pasiones más perversas y finalmente, la debilitan para que cualquier enfermedad oportunista les dé el tiro de gracia.

Cuando se tiene salud, se vive en el libertinaje más vil, la presencia divina ni se menciona ni interesa; la moralidad es pisoteada, la fe y la esperanza en la eternidad no hacen falta; las Iglesias son para eventos sociales y de glamur; la gratitud es una etiqueta para quedar bien con quien más les ofrezca y de aquel que saben que pueden esperar mucho más. Jóvenes: ¡Somos demasiado convenencieros! ¡No amamos ni agradecemos! … ¡Solo tenemos intereses!

La gratitud es altamente premiada por el Señor, quien está esperando que la juventud, le manifieste cuán agradecida está por el don de la vida, por la salud que goza, por las pruebas que supera, por los éxitos alcanzados y por tantas otras cosas que cada uno sabe que gracias a Él, obtuvo soluciones excelentes. Ya es el momento en que pensemos que la juventud sea la primera en SER EJEMPLO DE GRATITUD, porque ya está iniciando su incursión en la vida pública, necesita gozar de cabal salud que no produce la ingratitud, está en mejor posición y merece escribir una página inmortal en la historia. El Señor está esperando como esperó que los diez leprosos agradecidos regresaran a darle un saludo y un abrazo de felicidad por el bien obtenido inmerecidamente. El Señor está a la espera de que los jóvenes reaccionen y aprendan a corresponderle tal como lo hizo el único ex leproso que valoró su salud y de inmediato regresó glorificando a Dios con todas sus fuerzas y postrado a sus pies le agradeció con toda su alma.

Nuestra humanidad de por sí es muy ingrata y la ingratitud es tan nociva que la ensoberbece, la torna envidiosa, avara, lujuriosa, golosa, iracunda y buena para nada. Todos estos desórdenes del alma la conducen a ser presa fácil de enfermedades. La que más la enferma es la envidia, porque asociada con la ira, el odio y el rencor, causa un desorden general que se convierte en amargura y origina disfunciones que terminan siendo enfermedades dolorosas, prolongadas, costosas y mortales.

Cristo espera de nuestra juventud que por lo menos al 1% de ella sane del alma y del cuerpo con LA GRATITUD convertida en oración, en alabanza y adoración. Cuando nuestra juventud llegue a convencerse de cuán saludable es este privilegio de agradecer, estará recuperando su salud emocional, fisiológica e integral.

Cuando los jóvenes caigan postrados ante CRISTO-VIDA, con un corazón lleno de gratitud, las toxinas que tanto dañan su alma se eliminan y la vida se torna más hermosa y más valiosa, porque ahora sí que ha perdido la amargura y recuperado hasta la visión. Ahora, lo que vean sus ojos, será siempre algo tan maravilloso que verá un cielo abierto y favorable, a la vez que escuchará una voz revitalizante y consoladora que le diga al corazón: “¡Levántense, hijos míos, es su fe la que los ha sanado y los ha salvado de la indolencia y de la mediocridad!”

P. Cosme Andrade Sánchez+

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