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DOS OPINIONES POLÍTICAS

Las renuncias de políticos a los partidos que les bridaron la oportunidad de ser elegidos para un cargo de representación, me parece una decisión que debe ser sometida a revisión por parte de los institutos políticos, porque uno como elector, vota más por la oferta política del partido que por las propuestas de un candidato del que, a veces, no se sabe cuál es su intención con el electorado. Esto último, es claro en el caso de los diputados y senadores. Si un candidato de tal naturaleza fuera en la boleta electoral como independiente, conocería su realidad popular o la cantidad de votos que adquiriría. Ana Rosa Payán es un claro ejemplo de eso. Es evidente que la suma necesaria de votantes exigidas a puestos como los de diputado o senadores, no lo alcanzaría ni un candidato de manera individual o independiente. La cantidad de votos necesarios para la elección de un político la proporciona, en realidad, el partido. Desde esa perspectiva, ese cargo corresponde legalmente al partido y no a la persona. Entonces, ante una renuncia, el cargo debería quedarse en la agrupación política. ¿Por qué con tanta facilidad, X o Y “político” decide renunciar? y además injuriando a la fuerza política que le dio la oportunidad de hacerse con un puesto. Es obvio que, porque no ve afectado su interés económico. Es decir, al renunciar e irse a otro instituto político no pierde su sueldo. Ya quisiera yo ver que si algún diputado al perder su sueldo, renunciaría a su responsabilidad. ¡Nadie! Ni uno solo sería capaz de perder todos sus privilegios monetarios al renunciar a su partido e irse a otro. Además, no se le dio el voto para que fuera a utilizarlo en otro partido. Si hubiera la condición de renuncia sin goce de sueldo, ninguno de ellos se iría a ninguna otra parte.

El tema de las coincidencias ideológicas o de servicio a la sociedad desde una agrupación partidista es ficciosa o de plano inexistente. Intentar explicar esas cosas desde una perspectiva de la honestidad, sería como creer que el electorado es una masa de tontos y no de borregos. Esa actitud en Yucatán era calificada de coox virar, de veleta que gira por donde bate el viento o de hipócritas.

La segunda opinión, es acerca de los movimientos políticos meridanos que se implementan para defenestrar al PRI y ungir al PAN. Bueno, eso es lo que dicen en las sobremesas familiares. Hay que ser claros y objetivos. En la capital de Yucatán, el blanquiazul nunca ha necesitado de muletas para bien andar. Sus triunfos históricos se han logrado sin utilizar mecanismos de corrupción. Es precisamente esta palabra y su contenido las que le dieron sonados triunfos legales a dicho partido. Así, pues, es infantil pensar en ayudar con votos a un partido que ha tenido los suficientes para sus logros. Se habla de acuerdos entre Movimiento Ciudadano y el azul celeste. No lo creo, porque en toda negociación hay reparto de cargos y puestos. Por lo menos en Mérida, esa es la realidad. En otras entidades, la cosa cambia y cualquier asociación es posible y explicable.

Posiblemente se piense en Mérida en un entierro al tricolor. Eso parece un deseo perverso porque en el país, es indudable que es una fuerza política y que el intento de su destrucción no se ve real.

Aquí, la sombra de MORENA sobre la sociedad, todavía no se conoce. Perspectivando eso, no se puede pensar que las alianzas políticas en la entidad apunten para dañar al partido del presidente López Obrador.

Mis opiniones van en el sentido de ver, como personales, las problemáticas que se dicen sociales, ideológicas o de perjuicio a la sociedad.

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