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Armando Manzanero deja muchos vacíos.-Mtro. Jorge Esma Bazán

Un hombre cósmico, de disciplina-constancia, de familia humilde


“Armando deja espacios vacíos como creador, como artista, como compositor, como Embajador cultural de México ante el mundo, como yucateco que promovía incansablemente el turismo cultural de Yucatán; como un hombre generoso que ayudaba a otros artistas, no sólo a compositores, pintores, escritores; a todo tipo de artistas, los becaba, les compraba obra”, relató el maestro Jorge Esma Bazán, amigo del compositor por más de 60 años.

En entrevista telefónica con EstamosAquí Mx, el maestro Jorge Esma Bazán recordó que Armando Manzanero fue un gran artista no sólo de Yucatán, de México o del mundo, sino que fue cósmico, ya que su música fue enviada al espacio también.

“Los artistas de la dimensión de Armando Manzanero son inmortales. Armando es ante todo el gran, gran gran Embajador de México, porque su música se tradujo a muchos idiomas como japonés, italiano, inglés; se escuchaba en todos los países; es un compositor universal, sí un trovador y compositor yucateco, pero también nacional, internacional y su música está en el espacio, fue un hombre cósmico”, dijo.
Recordó que era un hombre disciplinado, constante, de familia humilde y que le dio a la vida parte de lo que nos da y eso rindió frutos.

“Armando era un hombre de cualidades; todos los días en la mañana se levantaba a tocar el piano y componer, con una disciplina ejemplar, luchó porque se le cumpla su vocación; el viene de una cuna muy humilde.

“Su madre, una super bailarina de Jarana, vende una máquina de coser para comprar un piano usado, para que él a los 8 años tocara el piano. Armando fue un disciplinado tesonero, trabajador y no se le dio nada gratis; él le dio a la vida parte de lo que nos da, se la jugó por su vocación y le dio frutos, pero fueron producto de un trabajo de todos los días”

Agregó que esa entrega y disciplina es ejemplo para los jóvenes, porque la disciplina, constancia, vocación de querer ser algo y trazar el camino para lograrlo.


“El chaparrito”

El maestro Esma Bazán recordó cómo conoció a finales de la década de los 50 a Armando Manzanero.
“Armando y yo tenemos muchas vidas de nuestra propia vida y compartimos juntos; lo conocí cuando era muy chamaco, era un niño que recitaba y tenía como 14 o 15 años; una tía estaba casada con un famoso pianista popular de la época, muy querido, era de los más queridos en Mérida, le decían el “bizco” Rosado.
“Él era dueño de un lugar llamado Farolitos, donde hacían noches bohemias y yo, como niño de la época me “colaba” porque recitaba y me dejaba pasar el tío. Ahí había un chaparrito que siempre me decía, ‘ándale Jorgito, échate una’, pero yo no sabía cantar, y me decía ‘échate una recitada y yo te acompaño’, para mi era el chaparrito que hablaba en maya y me acompañaba cuando yo recitaba y llegaba a preguntar por él ¿dónde está el chaparrito y ahora sería el gigante Armando”.

Relató que fue a finales de la década de los 60, cuando se reencontró con él en la Ciudad de México, tras la obra del maestro Esma Bazán: “Donde los árboles, Claudio”.

“Armando ya era el Armando de “Esa tarde vi llover y de Adoro”, él me va a ver al teatro y me hace una fiesta por el premio ganado y nos reencontramos con Luis Demetrio y Wilberto Cantón, yo era el más joven del grupo”, dijo sonriente.

Fue en los años 70 que estuvo en Baja California para fundar el Instituto de cultura y lo invita (a Manzanero) para que recorra con él proyecto cultural.

En Sonora pasa lo mismo y luego el maestro Esma Bazán es nombrado director del programa cultural de las fronteras y también invita a Manzanero a recorrer México.

“La vida me trae a Yucatán y me nombran director y fundador del Instituto de cultura y acordamos que cada festival tendría que estar y cantar y se lo cumplí, en todos los festivales siempre tocó”, recordó.

Junto a Plácido

Recordó la anécdota cuando Armando Manzanero quería cantar y tocar en zonas arqueológica.
“Armando se moría por actuar en una zona arqueológica y logro organizarle un gran concierto en Dzibilchaltún; fue el primero en zonas arqueológicas que se hace. Terminando el concierto me dice emocionado, ¡no sé cómo le haces y quiero cantar en Chichén Itzá.

“Me piden organizar el concierto de Plácido Domingo, ya había organizado el de Luciano Pavarotti, y me dijo Armando: ‘dile a Plácido que yo canto con él y que cante una canción mía’, no sé cómo gestioné y junté a Armando y Plácido en San Diego, California y como son los grandes, en 5 minutos se ponen de acuerdo y cantaron juntos en Chichen Itzá”, recordó.

Con sonrisa recordó que “Tuvimos muchas travesuras juntos, siempre estuvo al pendiente de mi, fuimos amigos personales y se guarda en el corazón y la memoria, en el recuerdo permanente de uno. Fue una amistad perdurable, no porque uno se adelante deja de ser amigo”.

Recordó que los artistas son inmortales, porque queda su obra, su música, su palabra, su inteligencia, su sensibilidad, emoción, y conforme pasa el tiempo crecen y crecen más.

Fue el Covid

El último encuentro físico entre el maestro Esma Bazán y Armando Manzanero fue en enero del 2020, cuando se veía venir la pandemia.

“Él estaba muy perturbado por el tema de la pandemia, yo me vine a Mérida y me encerraron por mi familia e hijos, pasó lo mismo con él, cada quien se fue a su encierro y a su vida. Es algo terrible y hay que decirlo, que la gente se cuide y se cuide en serio.

“Que se vayan famosos, es un golpe para todo el mundo, es un golpe de todo lo que hace esta pandemia, no respeta talentos, se han ido muchos talentosos que han sido víctimas del Covid, duele ligar a Armando por el Covid, es un tragedia, pero hay que reflexionar”.

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