EntérateOpiniones

DIA SIMILAR EN AÑOS DISTANTES

Hoy es 26 de diciembre. En la víspera ha nacido el niño Jesús y eso mantiene en calma a la ciudad. Las celebraciones han sido limitadas y las prohibiciones fueron la orden del día. Es tiempo de la pandemia del coronavirus y el inicio de la aplicación de la vacuna de Pfizer que brinda la esperanza de frenar “el bicho” que ha segado miles de vidas, y producido encierros humanos voluntarios y forzados. Todo eso mantiene las calles de la ciudad vacías, silenciosas. Es Mérida, Yucatán, el 26 de diciembre de 2020.

Un día antes, el 25 de diciembre, una fuerza militar con capacidad para enfrentar a un poderoso enemigo, respirando fervor guerrero y con el ansia de asaltar esta ciudad, sale de Umán, llamada en el pasado Tzibikak, por el único camino para llegar a ella. Existe la orden militar de atacarla, de agotar hasta el último gramo de pólvora para conquistarla. Esa orden prevalece a pesar de los informes de que la ciudad se encuentra prácticamente abandonada.

Van a matar al muerto.

Este día, con la ausencia del sol en el oriente, se amarró uno de esos nudos históricos en los que confluyen los acontecimientos del pasado para determinar el futuro. Este 26 de diciembre de 1541, con una fuerza militar con capacidad para enfrentar a un poderoso enemigo, los cascos de los caballos, la tropa militar de Francisco de Montejo, el Mozo, levantan una densa columna de polvo blanco en el sacbè que conduce a T` Hò.

Esa avanzada militar busca la dimensión de una guerra desde la entrada a aquella ciudad de escasa población que habita en casas de paja y enramadas.

Entraron a ella sin adquirir glorias ni laureles por la heroicidad del combate o la furia para acabar con el enemigo.

Domésticamente, el Mozo distribuye a la gente. En su calidad de Capitán General se instala en el edificio maya del poniente, a su primo Francisco lo manda a uno en el oriente, a los soldados mexicanos los ubica en la edificación del sur y en la del noreste a sus aliados mayas.

La calma del lugar es un reflejo del espejismo de las guerras españolas.

¿Qué sintió aquella jerarquía militar preparada para una cruenta batalla? ¿Decepción de no encontrar a quien sojuzgar? ¿Beneplácito por no ver correr sangre humana?

La búsqueda del Mozo y su primo fue extensa y tardada para encontrar este lugar al cual le darán nombre hasta después de concluir la distribución del personal de guerra.

Con seguridad el fuego de las hogueras a la hora de las viandas les dio la certeza de haber logrado, al fin, tener la obra de la terquedad del Adelantado, la ciudad de su imaginación.

Lo cierto es que sin la fantasía, y las buenas dosis de terquedad del Adelantado, no tendríamos Mérida, ni seríamos Yucatán.

Deja un comentario

Volver arriba botón
error: Este contenido está protegido. Gracias.