Bienestar Espiritual

¡NO CELEBREMOS NUESTRA NAVIDAD SIN INVOCAR AL ESPÍRITU SANTO!

Es una práctica tan ancestral que LA IGLESIA DE CRISTO, que nace en pentecostés, lo hace perenne; es decir, que lo invoca todo el año. No se puede hacer nada sin invocar su divina presencia. Ya desde el principio de la creación, “La tierra era un caos total, las tinieblas cubrían el abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.”(Génesis 1:2).

¡Gracias al movimiento del Espíritu Santo, las aguas de los océanos se llenaron de vida! ¡Gracias al movimiento del Espíritu los escritores sagrados (hagiografos) escribieron LAS SAGRADAS ESCRITURAS! ¡Gracias al Espíritu Santo, se hicieron grandes proezas, tales como: El anciano Simeón, quien, “Movido por el Espíritu, fue al templo.” (San Lucas 2:27). “Tan pronto como Elisabet oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre. Entonces Elisabet, llena del Espíritu Santo, exclamó: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el hijo que darás a luz! (San Lucas 1:41). Nuestra Iglesia lo proclama sin cesar: “Por el Espíritu Santo toda alma se purifica y vivifica; se eleva y glorifica  la Unidad de la Trinidad de manera espiritual y sacratísima. Cada acción sacramental, litúrgica o en toda oración nuestra Iglesia inicia invocándolo como: EL REY CELESTIAL” Y “EL CONSOLADOR”.

Una Navidad sin invocar al Espíritu Santo como “EL SEÑOR Y DADOR DE VIDA”, es y será una simple fiesta religiosa sin Dios y  sin EL IMPULSO DEL ESPÍRITU SANTO, que con el poder de su luz nos hará comprender mejor ese misterio DE LA ENCARNACIÓN, que nos llevará a ENCARNAR EN NOSOTROS “AL VERBO DIVINO” y así poder experimentar UN VERDADERO NACIMIENTO DE  CRISTO EN NUESTRO INTERIOR que nos conduzca a un nuevo resurgimiento espiritual lleno de esperanza.

Es la presencia del Espíritu la que NOS MOVERÁ a que esta navidad  esté propiciando que el AÑO NUEVO sea todo un acontecimiento donde la gracia convertida en energía nos haga enfrentar todo lo difícil, todo lo que se torna imposible con el PODER INCUESTIONABLE DEL ESPÍRITU SANTO. Un Año Nuevo reclama renovar poderes para alcanzar los grandes ideales y ver cumplidos todos nuestros grandes proyectos. Pero jamás olvidemos desde hoy el tener presente que para agradar AL PADRE CELESTIAL Y HACER SU VOLUNTAD, nos es imprescindible LA FAMILIARIDAD DEL ESPÍRITU SANTO, porque solo Él nos puede llenar de su Luz y hacer que LA LUZ DIVINA brille en nosotros por siempre y así, por nuestras obras inspiradas por Él, sea glorificado el Padre que está en los Cielos.

 ¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELIZ INICIO DE UN RENACER POR EL ESPÍRITU Y EN EL ESPÍRITU SANTO BUENO Y VIVIFICADOR!

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