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Jesús nunca encontró un lugar para él

Cuando llegó el día en que la Virgen María diera a luz al Dios y Hombre, NO HUBO LUGAR PARA ÉL: “Y dio a luz a su hijo primogénito; le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.”(San Lucas 2:7).

Cuando predicaba el Evangelio, exclamó: “… ¡Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; más el Hijo del hombre no tiene dónde recostar su cabeza!” (San Mateo 8:20). Cuando murió, José de Arimatea fue él quien le donó su sepulcro, además de que le compró una sábana para amortajarlo: “En el lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo en el que todavía no se había sepultado a nadie.” (San Juan 19: 41).

Cristo, vino a enseñarnos que LA NAVIDAD significa QUE CADA UNO DE NOSOTROS VUELVA A NACER, pero como Él nació. Siendo el Rey del universo, hace del establo y de la cueva todo un palacio majestuoso. Cristo nos enseñó cómo hacer de nuestro hogar algo extraordinario donde brille la presencia divina, donde los ángeles se hagan presentes y la alabanza resuene y conmueva a los mismos cielos.

Cristo quiere que en esta navidad, nuestra felicidad se centre EN TENER AL AMOR DE LOS AMORES, regalo del Padre Celestial, pero que recibamos a ESE DON DE LO ALTO en nuestros corazones, a fin de que al luchar en esta vida y obtener conocimientos, sabiduría, tenacidad, alegría y pasión por todo lo que hagamos, Cristo esté presente en todo.

Cristo nos enseña con su nacimiento en la Cueva de Belén a AMAR LO NATURAL, a contemplarlo, a disfrutarlo, a conservarlo con sabiduría a fin de que respetando todo lo creado, hagamos de nuestra existencia UNA MAGNÍFICA EXPERIENCIA que jamás nos convierta en enemigos de la naturaleza ni de la ciencia, ni de la fe y, ni del amor. Que con espíritu juvenil, con la experiencia de los grandes y el poder de los afortunados luchemos por conservar nuestra ecología y de restaurarla con amor, por amor y en el amor. Amando lo que Dios nos ha concedido, reclama una tremenda responsabilidad y una gran pasión por la conservación y el cuidado de todo lo que nos rodea, pisamos y disfrutamos.

Si en verdad convivimos fraternal y cordialmente,EN NUESTRA NAVIDAD DEL 2020, estaremos contemplando en los albores majestuosos del Año 2021 TODO LO BELLO QUE NOS ESPERA, porque día tras día habrá una gran bendición llena de sorpresas inimaginables. Solo Una Navidad Feliz nos augura y asegura UN FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO! Para ello, ¡que Cristo jamás esté ausente de todas nuestras actividades!


P. Cosme Andrade Sánchez+

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