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¡EN ESTA NAVIDAD PROVOQUEMOS UN AÑO 2021 MUY PRÓSPERO!

(Efesios 4: 25-32) La paz, ese bendito don divino nos prepara el terreno propicio para que provoquemos intencional, sabia y apasionadamente, a pesar de las contingencias y peligros, UN AÑO RIQUÍSIMO EN BENDICIONES, EN LOGRO DE GRANDES IDEALES, EN ALCANCE DE METAS EXTRAORDINARIAS Y EN HACER DE NUESTROS GRANDES SUEÑOS UNA REALIDAD ENCANTADORA.

Con verdadero espíritu juvenil, abramos nuestro corazón a LA VERDAD y, CRISTO es LA ÚNICA Y GRAN VERDAD que genera vida abundante y generosidad sin límites. Para ello, hagamos de nuestro interior ESE TEMPLO que albergue LA DIVINIDAD EN SU PLENITUD, pero primero vamos a limpiar de toda inmundicia ese interior, siguiendo estos dos pasos:

1º. Fuera de nosotros TODA MENTIRA, TODA DOBLEZ, TODA FALSEDAD, TODA HIPOCRECÍA, TODA DOBLE MORAL, TODO ENOJO DESCONTROLADO, TODA IRA ACUMULADA, TODO ESPÍRITU DE HURTO, TODO LENGUAJE OBSENO, TODA AMARGURA, TODA TRISTEZA Y TODA MALEDICENCIA.

2º. Una vez que ya está limpio nuestro interior, abramos nuestro corazón e invitemos a LA TRINIDAD SANTÍSIMA para que seamos TEMPLO VIVIENTE donde SU presencia se traduce en poder, en seguridad, en alegría y en bienestar, porque de ahora en adelante, AMAMOS LA VERDAD, HABLAMOS CON LA VERDAD Y DEFENDEMOS LA VERDAD; porque desde hoy y por siempre, nuestro lenguaje es cordial, honesto y edificante; nuestro coraje está bajo control y nuestras labores son honestas; nuestra bondad es de altura y nuestra misericordia con los demás es proverbial; nuestro perdón es de inmediato y sin condiciones; nuestro amor a los demás, es tan grande como el que le tributamos a Dios y a nosotros mismos.

Una vez que con valentía hemos emprendido EL AÑO NUEVO, fortalecidos en la diaria oración ferviente y comprometida, en la lectura de la Palabra de Dios y en el trabajo bien planeado y responsablemente hecho, no pensemos que no habrá dificultades, apremios, sudores y sorpresas desagradables, pero quien está en nuestro interior y lo llena todo nos hace exclamar: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13).
Tener la valentía es tener la absoluta confianza para emprender el camino del éxito, aunque la adversidad nos aceche, aunque el peligro nos rodee, aunque la competencia sea fuerte. Tener la certeza que nos da la fe de la presencia divina en nuestro interior es comenzar a vivir saboreando las victorias y aprendiendo a luchar con el coraje de los que saben que a Dios tienen de su parte.

¡UN AÑO DE FELICIDAD ES UNA EXCELENTE OPORTUNIDAD DE DEMOSTRARNOS A NOSOTROS MISMOS Y A LOS DEMÁS, LO HERMOSO QUE ES TENER EL APOYO INCONDICIONAL DEL AMOR DIVINO!

P. Cosme Andrade Sánchez+

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