Yucatán

Hablando de movilidad segura, ¿De quién depende la vida de un niño?

El pasado jueves 10 de diciembre alrededor del mediodía, sobre la avenida Cámara Comercio observé con asombro como un pequeño de a lo mejor menos de dos años, tenía el cuerpecito totalmente a la deriva y exponiéndolo hacia afuera de la ventana en la camioneta en la que venía su madre manejando. Era totalmente inconcebible permitir que un pequeño arriesgue su vida, mientras los autos, motos y camiones se desplazaban a su alrededor. Incluso el camión de gas con el letrero en rojo de “PELIGRO”.

A penas pude, me emparejé a la camioneta y le dije a la mamá que le pusiera el cinturón de seguridad a su hijo. Lo que recibí de la mujer mal encarada fue un: “No se meta señora”. Y me quedé con muchas dudas, porque hablando de movilidad segura, ¿de quién depende la vida de un niño? De la madre imprudente que lo expone y siente que el hijo es una propiedad sobre la que nadie le puede hacer observaciones ante algo riesgoso o peligroso. O de los que estamos alrededor observando y asumiendo una responsabilidad compartida y colectiva.

¿Qué hubiera pasado si todos los demás automovilistas le hubieran hecho el mismo señalamiento a la mujer? A lo mejor la madre se hubiera dado cuenta del peligro al cual estaba exponiendo a su hijo, y, sobre todo, qué tipo de enseñanza le deja al pequeño.

Para establecer la importancia de esta reflexión, tenemos que el pasado 12 de diciembre un automovilista se estampó en la barda perimetral de periférico, por ir a exceso de velocidad. Afortunadamente se salvó por que se activaron las bolsas de aire y el conductor llevaba el cinturón de seguridad. Por lo tanto, para el caso del pequeño, ¿qué aplicaría en caso de un accidente, de un frenón o de que alguien en exceso de velocidad impactará su vehículo?

En virtud de lo anterior, creo que todos somos responsables, porque debemos señalar continua y sistemáticamente a todos esos padres que piensan que los hijos son de su propiedad y pueden con ellos actuar como les plazca, sin medir los riesgos y consecuencias de exponerlos en las vialidades. No me importa cuantas veces me digan “No se meta señora”, porque lo que sucede en la vía pública es responsabilidad de todos, y debemos de construir una conciencia colectiva para proteger la vida de los demás, de la misma manera que protegemos la nuestra. Y más aún, cuando hay un pequeñito de por medio.

Por: Dra. en Arq. Yolanda Fernández Martínez, Directora de Habitar y más

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