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Mujer, violencia y letras

Haber leído la historia de Aracely y su pequeña, me dejó impactada. El tema de la violencia contra la mujer está más vigente que nunca. Mujeres que desde la infancia han sido sometidas por el machismo, como parte intrínseca de la misma familia y cultura. Sueños robados desde la infancia. Temores sembrados con fuerza y sin piedad. Esta es la historia de Aracely, una mujer que desde niña no conoció el amor, pero si la violencia verbal, emocional y física. ¿puede haber algo peor que crecer con miedo y condicionada al regaño y el desprecio?

Solo recordar el pasaje en donde de niña estaba entusiasmada porque su padre le iba enseñar a montar bicicleta, me pone triste, enojada, furiosa e impotente. El padre de Aracely le dice que ella tiene que aprender a manejar la bicicleta con peso, y le pone piedras y carga suficiente, porque finalmente, ese será el propósito para la pequeña. Llevar carga.

Pero mientras sigo leyendo, las emociones me atrapan y me duele pensar que así hay muchas historias, en las cuales las mujeres son vistas como objetos de trabajo y sexuales. Que necesitan casarse con urgencia, jóvenes, porque después nadie las querrá; que pronto hay que tener hijos y que al marido no se le rezonga y mucho menos se le contradice. Que cuando llegan los insultos, las amenazas y los golpes, es por algo “merecido”. No hay que opinar nada. No tienes opciones. Tu vida está definida desde un padre que te humilló y maltrató y por una madre que no te defendió, porque ha vivido lo mismo. Y ni qué decir de las comunidades indígenas, precisamente de donde viene Aracely.

Aracely hace de todo para defender a sí misma y sobre todo para proteger a su pequeña hija, eso implica salir de esa vida, si es que se le puede llamar vida, para lograr llegar al refugio y darse cuenta de que “son muchas” y de que no importa la clase social ni el nivel educativo. Las mujeres que se encuentran ahí, lloran de día, tienen pesadillas de noche, cargan con sus miedos en todo momento, luchan por proteger a sus hijos y temen por sus vidas permanentemente.

Y ¿eso pasa por ser mujer? Entonces ¿qué pasa por la mente de los hombres que piensan que la mujer se convierte en parte de su propiedad o en la oportunidad para descargar frustraciones, incapacidades o ignorancia?

¿Dónde están todos que no hacemos nada al respecto? La violencia contra la mujer puede ser un acto silencioso que se cubre con lágrimas, maquillaje y algunas veces, con la vida misma. Pero qué pasa con la memoria y el alma de Aracely. ¿Habrá alguna cura para ello? ¿Cómo se puede vivir con el miedo de recordar aquello que te duele? Y qué pasa con los años de inocencia robados en donde la violencia se adueñó de la consciencia y con ello, de un patrón de supervivencia.

¿Dónde están todos? es la obra de Alicia Ayora Talavera quien narra de manera emotiva y única la historia de Aracely. Es una lectura obligada para todas nosotras, las mujeres que día a día luchamos en el trabajo y en la familia, y que a lo mejor nos hemos acostumbrado a algún tipo de violencia, que puede ser de la más mínima manifestación hasta las graves actitudes que pueden derivar en desgracias irreparables. Todas debemos de conocer la historia de Aracely, para tomar consciencia de lo que tenemos, de lo que se ha perdido y de lo que se tiene que hacer para que no haya más Aracelys en nuestra comunidad.

Pero este libro también es una lectura para los hombres. En algún momento de la formación de los jóvenes, esta propuesta literaria debería ser incorporada en las clases de psicología, socioemocionales, ética, comunicación, y ¡qué sé yo en dónde más! Debería ser motivo de debates entre los bachilleres y universitarios, porque algo estamos haciendo mal como sociedad.

Y es obligación de todos, desde la forma en la que nos comunicamos como en las actitudes que tenemos, para reconocer porqué hay tantas Aracelys entre nosotros, a lo mejor algunas aún sin pedir ayuda, y muchas otras acostumbras ya, a vivir un infierno permanentemente.

Le agradezco infinitamente a Alicia Ayora que me haya considerado para compartir su obra y, sobre todo, para tener una visión comprometida e integral de lo que significa ser mujer, madre de un hijo varón y educadora.

Por: Dra. en Arq. Yolanda Fernández Martínez, Directora de Habitar y más

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