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APOTEGMAS DE FELICIDAD EN LA CLAUSURA DEL FESTIVAL YUCATÁN ESCÉNICA 2020

Había contento desde lo precedente. Flotaba en el aire nocturno del  sábado 14 de noviembre de 2020, momento de la función de clausura del XI Festival Yucatán Escénica. Su organizadora y fundadora, maestra Lourdes Luna, con una alegría más allá de sus espejuelos y convertida en palabras sonrientes, apunte en mano, quiso leer agradecimientos, pero finalmente un caos emocional la hizo espontánea y sincera. “Espérame que lea y luego subes, Irving”, le dijo al Director de Cultura del Ayuntamiento, sentado en primera fila.

“El 13 de marzo de 2020, un año que nunca debió ser, pero fue, se bajó  el switch en todos los espacios escénicos, y todos cerramos nuestros quehaceres teatrales. Para nosotros los de danza, los del movimiento del cuerpo, aquello fue terrible, no sabíamos qué iba a pasar, pero hoy, después de ocho noches increíbles, aquí estamos”, dijo más o menos la maestra Lourdes Cressida Luna Danza. Y se refirió a dos invitados especiales de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento, el antropólogo Irving Berlín Villafaña, Director de la Institución, y el licenciado Sergio Núñez Sierra, director del Centro Municipal de Danza. Inmediatamente invitó a Irving Berlín  para acompañarla  en la clausura del Festival Yucatán Escénica.

El director de cultura sin mayores preámbulos dijo que “Cressida siempre a la vanguardia, toma la decisión de recuperar la vida, la alegría y la esperanza en el corazón y nos brinda la danza, que en todos los casos es mejor ver al ser, que tenerlo en la tecnología”, es decir en un evento en línea. Y es real, Cholo siempre decía que la peor orquestita para una función de teatro de revista era mejor que cualquier grabación perfecta.

Y, finalmente se nos dijo que “tres exponentes maravillosos de la danza contemporánea, se presentarían para concluir los eventos del festival”.

Patricia Martín inició con un trabajo titulado “Improvisación”, que no lo ha de ser del todo, porque el texto corporal de la ejecutante emanaba de la música concreta que la acompañaba. Y su dinámica corporal dibujaba  una serie de estrofas a las cuales les hizo variantes formales, surgidas de  movimientos de los omóplatos   y las articulaciones del  brazo todo. Recordé, con el título del trabajo de Patricia Martín, que Isadora Duncan decía que ella improvisaba sus danzas, pero sus allegados decían que sabía tan perfectamente la música que ensayaba en su memoria lo que haría con cada pieza musical.

Kenith Jaramillo, tiene parte de su historia en Mérida. Es un excelente bailarín de Break Dance  y ahora presentó un drama que nos recordó, en varios sentidos,  la puesta en escena que se hace a la obra teatral de Mario Vargas Llosa, La Señorita de Tacna.

Entre Patricia y Keneth, se presentó Paulino  Medina, con una obra fresca y divertida.

El año próximo habrá Festival, dijo la maestra Luna Aranda.

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