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El concierto dominical de la OSY entre el placer y el saber

La Orquesta Sinfónica de Yucatán, fue la primera agrupación cultural de Mérida que inició sus actividades de manera presencial. Lo hizo siguiendo los protocolos exigidos por las autoridades sanitarias. Pero lo más importante es que los responsables de la OSY, organizaron ese reinicio de conciertos de manera tal, que nos hicieron sentir que los ocho meses de cuarentena han sido solamente una pesadilla. ¿Por qué digo lo anterior? Porque desde la escalinata nos recibieron los arreglos florales, la cantidad de edecanes de siempre, quienes nos entregaron el programa de mano, impreso en el formato anterior, aunque sin el contenido de los patrocinadores. Eso dice mucho, y todo bien.

El concierto correspondiente al domingo 8 de noviembre de 2020, estuvo diseñado, igual para el placer que para el saber, pues se nos hizo escuchar obras no habituales en el repertorio orquestal, que nos acercaron a otras concepciones de la estética musical, y además utilizando a la orquesta en un formato menor. Y esto último, ha de ser parte de la estrategia de la sana distancia.

Roberto Beltrán, como director huésped, condujo una obra de Stravinsky, una de Nepomuk Hummel y por último la sinfonía número uno de Beethoven.

Él, entro al escenario con un tapaboca oscuro, igual al que tenía toda la sección de cuerdistas de la agrupación musical.

Roberto Beltrán hizo un trabajo pulcro, ubicado en la dimensión de la raigambre profesional que permite la actual situación, donde las exigencias sentimentales y emocionales tienen la frontera del cubre-bocas. Sin embargo ahí estaban sus manos expresivas, memoriosas y educadas en la instrucción del acento, la lectura de la frase del texto musical.

Esa es la nueva circunstancia. Y esperemos que sea breve, en esta tierra divina.

Robert Myers, miembro fundador de la OSY, interpretó el Concierto para trompeta en Mi Mayor de Hummel.

Los instrumentos de aliento siempre me ponen los sentimientos en el filo de la navaja, porque los considero de enorme dificultad y riesgo. Su gama expresiva y sonora depende del manejo que del aire haga el ejecutante. Esa obra dilató 27 minutos durante los cuales Mr. Myers tuvo participación constante. Todo ese tiempo el trompetista, con enorme sobriedad y dominio del instrumento, igual nos dejaba perplejos que jocongozos. Al concluir, los asistentes le gritaron bravos y le prodigaron cálidos, cariñosos y expresivos aplausos.

El concierto cerró con la número uno de Beethoven, esa de la que dicen los especialistas, tiene mucho de mozartiana, donde el portento creativo de compositor aún vivía latente.

El domingo 8 de noviembre fue de reencuentro con la vida y las actividades cotidianas del hombre. Sentí un enorme placer al volver a tomar la calle y las butacas de un teatro, escuchado a la Orquesta Sinfónica de Yucatán.

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