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El nacimiento del ruido

Origen de la guitarra eléctrica de cuerpo sólido

Por Mauricio Quijano Farjat

Ningún instrumento musical es en el rock, equiparable a las guitarras. Acaso la única excepción sea la que cita el periodista Peter Ames Carlin, En el libro biografía “Paul McCartney”, “Si el rock and roll tiene algún símbolo icónico, el Bajo Hofner con forma de violin de Paul es uno de ellos”.

Y es que cuando un joven comienza a tocar la guitarra y desea emular a sus dioses de las seis cuerdas, casi siempre desea el mismo modelo que ellos usan, esto sin duda los lleva a elegir, las más de las veces entre Fender o de Gibson. Existen muchas otras marcas de guitarra eléctrica de excelente calidad, no se trata de ser simplistas. De hecho, con los años han surgido tendencias, modas por otras marcas, otros modelos. Paul Reed Smith (PRS), o Jackson/Charvel, por citar solo dos casos.

Pero lo cierto es que en número no hay marca o modelo que pueda competir con Fender – la elección de Eric Clapton, David Gilmour, Ritchie Blackmore, Bruce Springsteen, Mark Knopfler, Stevie Ray Vaughan, Jimi Hendrix, Keith Richards, Jeff Beck, Rory Gallagher- entre una muy larga lista.

O con Gibson, que prefieren – Jimmy Page, Gary Moore, Slash, B.B.King, Keith Richards, Chuck Berry, George Harrison, Angus Young. Michael Schenker, Pete Townshend.- entre otro gran número de guitarristas.

Como se puede observar de estos nombres, varios guitarristas usan en algún momento una u otra marca, testimonio en los hechos de su calidad. ¿Porque quedarse con una marca o modelo, si puedes tener todos?

Antes del advenimiento del rock’n’roll, la guitarra electrificada tenía el cuerpo hueco, a medio camino de la guitarra acústica española y un lugar secundario en las bandas de música de baile, donde su sonido era “relleno” entre las trompetas, trombones, saxofones, los metales iban al frente.

Acaso Elvis en los 50s, con una guitarra acústica colgada al hombro, sería la primera imagen icónica de ver al frente y en un papel preponderante a la guitarra, pese al problema de no poder tener un volumen muy alto, a causa por riesgo de que el sonido se “vicie”.


La pregunta sería ¿Cuándo y cómo cambio todo esto? La respuesta podría ser con detalle, el libro “El nacimiento del ruido” (Leo Fender y Les Paul, la rivalidad que dio forma al rock’n’roll) de Ian Port, periodista musical de larga trayectoria.

Es una historia novelada que a lo largo de más de 300 páginas, cuenta historias en paralelo de los protagonistas y como en distintos momentos se entrecruzan, se suman otros actores importantes en el devenir de la guitarra eléctrica de cuerpo sólido.

Lectura casi imprescindible para el lector ávido de historia, de anécdotas. Detalla las similitudes y las diferencias entre ambos personajes, su origen, formación y linaje. Un libro pertrechado en datos, muchos datos que ayudan a comprender el origen de muchos mitos de la cultura rock.

Narrada en forma de novela, acaso un lunar de la obra es suponer las motivaciones y deseos de los protagonistas. Finalmente es historia. En mi opinión, la cantidad de datos biográficos, la exactitud de su información, compensa la licencia literaria de I. Port, toda vez que esta no daña la crónica de los hechos.

Es finalmente un trabajo para todos aquellos interesados en las bases sobre las que nació y se consolidó la guitarra “moderna”.

Aunque ya Muddy Waters había “inventado” la electricidad, en sus actuaciones de blues, el verdadero despegue – Al menos en ventas- fue con Buddy Holly y su Fender Stratocaster o bien Chuck Berry con su Gibson ES 335.

A más de 70 años de existencia de Fender y Gibson, hoy con ventas por subastas que alcanzan precios impensables, cuando su historia comenzó.

Los precios con son casi absurdos: la Gibson Les Paul Custom “Black Beauty” que perteneció al propio Les Paul. fue vendida por $335.500 dólares este año o la Fender Stratocaster, bautizada como “Black Strat”, del año 1969, propiedad de David Gilmour (Pink Floyd), obtuvo US $3.975.000 en otra subasta.

Si hoy estos objetos de 6 o 4 cuerdas han cambiado los escenarios y estudios de grabación por las salas de museos o las colecciones privadas, es asunto del tiempo, de la veneración de quienes tienen su credo en la música y pueden pagar por ellas.

Su función sigue siendo la misma, obtener acordes o solos que conmuevan al respetable, que asocia estos pedazos de madera con aquellos que hicieron parte del soundtrack de nuestra vida y este libro recupera el origen de todo.

Título: El nacimiento del ruido
Editorial: Neo Sounds
Autor: Ian S. Port
Páginas: 384

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