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EL BOSQUE DE CHAPULTEPEC, GRAN PROYECTO SEXENAL

En 1966, yo era un joven provinciano sin mayores conocimientos ambientales que los solares de mi casa y los del cercano vecindario.

Mis ojos habían visto únicamente y de manera permanente la llanura espinosa del henequén, bañado a caudales por un sol encapsulado en sus pencas.

De purrum, ese mismo año conozco el bosque de Chapultepec, verde desde el pasto del piso hasta sus altas coníferas. Era una nueva, inusual e inusitada belleza frente a mis ojos. Dos años más adelante, era habitante de esa maravillosa zona boscosa del Distrito Federal, porque allí estaba La Academia de la Danza Mexicana, que daba un lugar para vivir a estudiantes de provincia, en lo que era conocido como “los habituarios”. Permanecí en ese sitio hasta su desaparición.

El bosque era mi entorno diario, lo caminaba para llegar a “la Diana”, el cine Chapultepec o cualquier Sanborns del rumbo. Lo caminaba hacia Campo Marte o buscando la Calzada de Tacubaya. Caminar entre ese bello mundo vegetal jamás era cansado. Era el ámbito del teatro. Ahí estaba el teatro del Bosque, Orientación, de la Danza, el Auditorio Nacional y la Escuela de Teatro. Todos nos veíamos, aunque no tuviéramos amistad personal. Era la época de Oscar Chávez, Ofelia Medina, Maruxa Villalta, Jacobo Jodorowsky, Isela Vega y otros famosos que por ahí andaban por ensayos o de paseo.

Hoy que se trabaja en ese mismo sitio, en un plan de acción para crear el parque artístico y cultural más grande del mundo, mi corazón de maniático diletante se emociona y vuelve al siglo pasado cuando la espesura del bosque, su neblina, frialdad no era cortada por el zumbido de los carros, el humo de los mofles y la horizontalidad de la luz de los fanales.

Había zonas prohibidas, la militar y los Pinos. Cosa graciosa, nunca resultó peligroso caminarlo de noche. ¿Se podría hacer eso hoy? O, por lo menos, ¿está permitido?

Ahí conocí el Audiorama y muchas flores no existentes en mi imaginario.

¿Qué sentir cuando te enteras que todas sus secciones se unificarán e intentarán dar una imagen de lo que en realidad siempre fue: un solo bosque. Conecto mi imaginación con el pasado y vislumbro el futuro; La unión de ambos tiempos me brindan un presente cercano que alcanzaré a ver y transitar. Estoy seguro que la unión de todas las partes boscosas, y de sus partes y conjuntos arquitectónicos históricos resultarán en una belleza engrandecida del Bosque de Chapultepec, el de los leones y la inmensa reja de forja inconmensurable. 

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