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Una pizca de Esperanza

“Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.” (Salmo XXIII, 4)

Los tiempos no pintan halagüeños. Entre la cuarentena, los datos económicos, preludio de una severa crisis, sumado a la añeja deuda social causada por las injusticias, pintan oscuro el panorama… todo eso genera zozobra, mucho miedo.

Cuando niños, si teníamos que cruzar un espacio de noche y a oscuras nos sentíamos intimidados, pero si se cruzaba de la mano de papá, mamá o la familia completa el temor se disipaba.

Sortear la vida presente sin la firme convicción de la presencia divina, ciertos en que la mano cálida y afectuosa del Señor nos conduce, es delirante. Quienes no encuentran en su interior la evidencia de que Dios existe seguramente sufren estos tiempos azarosos.

Los que sepan buscar y leer entre líneas lo que la vida nos dice: no temas mal alguno, Dios con nosotros.

Ricardo, Yuca Arrigunaga.

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