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HOMILÍA XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Ciclo A
Is 5, 1-7; Flp 4, 6-9; Mt 21, 33-43.

“Arrendará el viñedo a otros viñadores” (Mt 21, 41).

In láak’e’ex ka t’aane’ex ich maaya kin tsikike’ex yéetel ki’imak óolal. In ki’imak óolal bejla’e’ u ti’al tuláakal le máako’ob ku bisko’ob u k’aaba’e’ “Francisco”, yéetel u ti’al tuláakal máako’ob yéetel le Yúum K’íino’ob ti’ le parroquias ku bisko’ob u Kili’ich K’aaba’ Francisco de Asís. Táan u k’íinbensaj te’ domingoa’ u k’íinil Kili’ich Francisco de Asís. Te tu kaajil Asís ti’ muka’an u winklil le xíipaal Carlo Acutis, Ka kíimi yáanti 15 ja’abo’ob ti’o’ te’ tu ja’abil 2006, te sábado ku táala’ yáan u beetaj beato.

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor en este domingo vigésimo séptimo del Tiempo Ordinario.

Una felicitación a todos los que llevan el nombre de “Francisco”, y a todos los fieles de las parroquias y comunidades dedicadas a san Francisco de Asís. Hoy prevalece la solemnidad dominical sobre la liturgia franciscana.

Allá en Asís el pasado jueves se abrió la tumba de Carlo Acutis, un joven italiano que murió de quince años de edad en el 2006, y que será beatificado el próximo sábado 10 de octubre. La gran sorpresa al abrir su tumba fue encontrar su cuerpo íntegro y sereno como si durmiera, después de catorce años de sepultado. Este joven, próximo a ser declarado beato, fue sepultado en la basílica de san Francisco en Asís, porque en un video que dejó, manifestaba su deseo de ser enterrado en aquel lugar, del santo a quien tanto admiraba. Carlo Acutis ya es conocido como el “Ciber Apóstol de la Eucaristía”. Ojalá que este joven beato siga llevando muchos jóvenes a Cristo, como lo hizo durante su vida.

Hoy el apóstol san Pablo, en su Carta a los Filipenses, nos invita a nosotros, como invitaba a los filipenses, a no inquietarnos por nada y a perseverar en la oración para tener la paz de Dios. En la actualidad, algunos tienen paz y tranquilidad; pero no tienen la paz de Dios, sino la paz de la ignorancia, la paz de la insensatez de los que dicen que esta enfermedad del COVID no les hará nada, de los que creen que por ser familiares se pueden reunir sin ninguna precaución pues piensan que no hay peligro. Busquemos la paz de Dios en la oración y en los sacramentos; cuidémonos con responsabilidad: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

También san Pablo nos invita a apreciar “todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y merezca elogio” (Flp 4, 8). Hoy el mundo nos invita a apreciar la apariencia, más que la verdad; los derechos individuales, más que lo justo y puro; el éxito, más que lo amable y honroso. Pidamos al Señor que nos ayude a ser críticos del pensamiento actual, para que así hagamos los mejores juicios y tomemos las mejores decisiones.

Como siempre, el mensaje de la primera lectura nos prepara y dispone a escuchar el santo evangelio. Se trata ahora de un precioso pasaje del profeta Isaías, en el que en se expresa el gran amor de un agricultor por su viña, es decir, su sembradío de uvas. Aquí en Yucatán desconocemos lo que implica el sembrado de una viña, pero tenemos muchos campesinos que saben muy bien lo que implican los sembrados en sus milpas.

Como dice el Pbro. Manuel Ceballos, sobre este pasaje de Isaías: “Es un canto de amor porque la ‘viña’ en el antiguo Oriente es símbolo de una mujer amada, en este caso, en referencia a Israel. Pero lentamente se transforma en la lamentación de un campesino desilusionado y traicionado”.

Creo que los agricultores de Yucatán podrán entender muy bien lo que se expresa en este texto en cuanto al amor a lo que se siembra, y el dolor por no cosechar lo esperado. Por supuesto que el profeta aplica esta alegoría a Dios como Viñador y al pueblo de Israel como la viña, que no le ha dado a su Viñador lo frutos esperados de justicia y rectitud, mientras que finalmente sólo obtiene quejas de los oprimidos.

¿Qué nos diría el Señor a ti y a mí?, ¿qué le diría a nuestra Iglesia?, ¿qué le diría a la humanidad entera? Quizá algo semejante a lo que le decía a Israel en este pasaje: “¿Qué más pude hacer por mi viña, que yo no lo hiciera? ¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias?” (Is 5, 4). Algunos creen que el cristianismo es sólo un cúmulo de reglas y prohibiciones, pero vivir el Evangelio es mucho más que eso, vivir el Evangelio es dar frutos, muchos frutos grandes y sabrosos, que le agraden a nuestro Viñador y que le sean útiles a nuestros hermanos.

En el santo evangelio de hoy, según san Mateo, Jesús cuenta una parábola semejante a la de Isaías, porque se trata de una viña, pero diversa, porque Jesús dirige esta parábola a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Además, la parábola se centra en los viñadores contratados para cuidar de la viña por el dueño del viñedo, con el compromiso de entregar los frutos a su tiempo. Vemos cómo en esta parábola, los viñadores van maltratando y a veces hasta asesinando a los criados que el dueño de la viña enviaba para recoger los frutos. Finalmente, cuando el dueño del viñedo envía a su propio hijo con la intención de que a él sí le hagan caso y entreguen los frutos, también se echan sobre él y lo asesinan.

La conclusión de esta parábola la dan los mismos sumos sacerdotes y ancianos cuando Jesús les pregunta lo que hará el dueño de la viña con esos viñadores homicidas. “Ellos le respondieron: Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo” (Mt 21, 41). Es fácil entender que cuando se habla de los viñadores contratados, Jesús se refería a las autoridades del pueblo de Israel, y que los criados de la parábola eran los profetas que el Señor les estuvo enviando a lo largo de cientos de años, muchos de ellos maltratados y hasta asesinados; y más fácil aún es entender que el dueño de la viña es el Padre celestial, y que el hijo enviado es Jesús.

Sería equivocado pensar que se trata solamente de la historia de los viñadores del Antiguo Testamento. Debemos asumir que los nuevos viñadores somos los miembros de la Iglesia, quien tiene la tarea y responsabilidad de anunciar el Reino de Dios y servirlo en su crecimiento en este mundo. También sería un error reducir esta aplicación pensando únicamente en el Papa, los Obispos y los Sacerdotes como los nuevos viñadores; debemos más bien asumir que cada bautizado es un viñador, que cada uno debe trabajar en su propia parcela para darle al Señor frutos abundantes y sabrosos, y a la vez ayudarnos unos a otros a construir el Reino de los cielos.

Igualmente, tenemos todos diferentes responsabilidades dentro de la gran viña que es la Iglesia y que es el mundo: Los padres de familia tienen su viñedo en su propio hogar con sus hijos; los superiores de una casa religiosa son los principales viñadores de esa parte del viñedo; los responsables de un grupo o movimiento laical son igualmente los viñadores de esa comunidad de fieles; y cada uno donde estudia o trabaja; si alguien tiene responsabilidades políticas (lugar crucial de la viña) ahí tiene el pedazo de la viña que le toca trabajar; así como también en cualquier grupo al que se pertenece, si es un grupo para buenas acciones, sea simplemente para el esparcimiento o el deporte.

Todos tenemos nuestro lugar y mucho qué hacer en la viña del Señor.

Que tengan todos una feliz semana. ¡Sea alabado Jesucristo!

Gustavo Rodríguez Vega
Arzobispo de Yucatán

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