Bienestar Espiritual

JÓVENES: ¡La vida terrena es pasajera, pero la espiritual es para siempre!

Muy queridos jóvenes: Los invito a que piensen que ni su cuerpo ni su alma les pertenece: SON DE DIOS. Dios al enviarnos a la tierra, nos trajo para que TENGAMOS VIDA EN ABUNDANCIA (San Juan 10:19), y por consiguiente, lo generoso de la vida es que tanto nuestro Cuerpo, como nuestra alma y nuestro espíritu estén íntimamente unidos para que los propósitos divinos se cumplan a cabalidad en nosotros: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11).

Si los seres humanos somos UNA TRINIDAD en una sola UNIDAD, también en eso nos asemejamos a Dios, que es TRINIDAD EN UNIDAD. Nuestro cuerpo es vivificado por el espíritu o aliento divino, porque él es quien nos da ese soplo de vida. Nuestra alma es esa realidad inmaterial que nos confiere INTELIGENCIA Y VOLUNTAD. Como vemos, el alma tiene esas dos facultades que nos hacen diferentes a los demás seres vivientes. El tener inteligencia, es tener la capacidad de cultivarnos en todo lo que nos es útil para que realicemos ese propósito divino aquí en la tierra. La voluntad es la que nos hace vivir nuestra libertad con inteligencia o nos lleva al libertinaje que nos hace perder nuestros objetivos y arruina nuestra existencia.

Nuestro Cuerpo, es ese YO EXTERNO que debería expresar a NUESTRO VERDADERO YO SOY INTERNO Y ESPIRITUAL. Para que se desarrolle, hace falta que anhelemos, luchemos y logremos una vida de paz, de salud y de armonía, donde hagamos conciencia de que esos tres elementos deben estar siempre en acción. Tanto el espíritu como el alma, elementos inmateriales y de naturaleza espiritual reclaman que la fe sea esa luz radiante que nos ilumine y hagan que el mismo cuerpo exteriorice todo nuestro interior y así, tengamos una vida íntegra, transparente y seamos ejemplo a seguir.
Cuando vivimos intensamente conscientes de que estos tres componentes de nuestra vida están bien alimentados, bien ejercitados, bien encaminados a alcanzar todos nuestros propósitos e ideales, es cuando la victoria nos pertenece y el final de nuestra estancia terrena es de gloria, de honor, de misión cumplida y de plena satisfacción. Esa vida espiritual es la que realmente nos enaltece y cuando somos llamados a la Vida Eterna, nos vamos sin sufrir, porque estamos tan seguros de nosotros mismos que si de Dios hemos salido, a Él estamos regresando.

Jóvenes: Nuestra vida presente reclama ser maravillosamente bien vivida, bien disfrutada, bien satisfecha, bien llena de gratos e interesantes recuerdos, para que cuando escuchemos la última llamada a marcharnos a LA VIDA ETERNA, lo hagamos con alegría, con la paz del alma, con la fortaleza del espíritu y con un cuerpo que despide temporalmente a sus dos aliados: el espíritu y al alma, quienes se desprenden sin dolor de él: Templo viviente de Dios y que por el momento se transforma en polvo que un día será dignificado, porque también es hechura divina.

P. Cosme Andrade Sánchez+

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