Bienestar Espiritual

#microhomilía. La Palabra hoy no invita al perdón

Perdonar no se trata de renunciar ni a la justicia ni a la dignidad, no es borrar la memoria, ni volver a ponernos en riesgo ante el victimario.

Perdonar se trata de renunciar al rencor y a la cólera que brotan de haber sido víctimas, se trata de renunciar a tener en nuestras manos los pedazos punzantes de aquello que nos rompieron; dejar de herirnos a nosotros mismos acariciando los restos de lo que nos hirió. Perdonar es renunciar al deseo de la venganza y buscar el mal para el violento, es decir, convertirnos en violentos como nuestro victimario, hundirnos en la espiral de la violencia y la destrucción.


Podemos hacer un ejercicio de pensar en las personas que nos han lastimado. Mirarlas con misericordia, quizás vamos a descubrir que algunas de éstas nos han estado extendiendo la mano, y nosotros soberbios no hemos querido estrecharla de nuevo, otorgando el perdón.


Habrá otras, que no dan signos ni siquiera de asumir el mal que ocasionaron, y siguen por ahí “endemoniados”, es decir, poseídos por el miedo, el dolor y la soberbia, dando alaridos y rompiendo lo que encuentran a su paso. Hay que alejarnos y ponerlos en manos de Dios, no deseando que los aniquile, sino que los libere. Eso ya nos encamina al perdón.


Pidamos a Dios la gracia del Perdón, es decir, ser perdonados y poder perdonar. El perdón no es fruto de nuestra voluntad, sino de la misericordia de Dios.

Así que dispongámonos a recibir la gracia del perdón, que Dios nos haga compasivos y misericordiosos como él; para entonces vivir libres de las cadenas del odio y el rencor, es decir, vivir en la espiral del amor de Dios, comprometidos con la reconciliación y la justicia, únicos caminos para vivir la verdadera paz.


Rv P. Hernán Quezada sJ

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