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Medio siglo del Metro en la CDMX y la lentitud de la transformación de la movilidad urbana en Mérida

El 4 de septiembre de 1969 fue inaugurado el Sistema de Transporte Colectivo STC-Metro en la Ciudad de México, con una población que superaba los 8 millones de habitantes y con una densidad de 156 habitantes por hectárea. Ya ha pasado medio siglo de esta emblemática obra pública que hoy en día funciona como una red de tren metropolitano que recorre 225 km de vías dobles, cuenta con 12 líneas y 195 estaciones con capacidad para movilizar a más de 4.2 millones de usuarios al día. Desde el año de 1966, el Gobierno Federal inicio los estudios correspondientes para la constitución de las primeras líneas del Metro. Al año siguiente en el mes de marzo, se creó el STC-Metro y finalmente, tres meses después, en junio de 1967 se inició la construcción de tal infraestructura para la movilidad masiva .

Estamos hablando de una de las obras más significativas para el desarrollo de la Ciudad de México y revisando su cronología, en menos de 4 años se logró su materialización para garantizar que el inicio de los estudios pasaran a ser parte de la realidad en la vida cotidiana de millones de citadinos y de la zona metropolitana. El gran cuestionamiento actual, sería ¿Qué hubiera pasado si esta obra nunca se hubiera realizado? O en su caso, ¿que el 4 de septiembre de 1969, se hubiera atrasado para “algún” día de la siguiente década?

Lo relevante para destacar en este hecho sin precedente en la historia moderna de México, es que, desde sus orígenes, la creación y diseño del STC-Metro estuvo conceptualizado como una “herramienta de planeación urbana”. Es decir, desde hace poco más de medio siglo, se comprendía que pensar en la movilidad de las personas era un tema prioritario de la política pública para tomar decisiones sobre la planeación de la ciudad y su zona metropolitana.

Hoy en día, podemos tener diferentes percepciones sobre los aciertos o desaciertos en el tema de la planeación urbana de la Ciudad de México, pero lo que resulta indudable, es que el STC-Metro representa un factor en la fórmula urbana que lo hace insustituible e irrepetible. Esto significa, que pudo haber otras alternativas para planear la ciudad, pero cada una de las líneas del metro que se diseñaron y construyeron fueron determinantes para la movilidad de las personas y ocupan un espacio en la ciudad, que hoy hubiera sido prácticamente imposible para el Estado Mexicano hacerse de él.

En este sentido, pensar primero en la movilidad de las personas, resulta altamente rentable, porque se reducen los costos en la vida diaria, se garantizar la eficiencia urbana y, sobre todo, la ciudad se va haciendo de suelo estratégicamente localizado para garantizar los viajes más eficientes que pueda haber. Y a lo largo del tiempo, precisamente esto es lo que hace tan valioso el STC-Metro, su rentabilidad radica en el espacio estratégico que ocupa en la ciudad.

En virtud de lo anterior, resulta preocupante que la ciudad de Mérida continúe expandiéndose sin que haya de por medio alguna política pública que se manifieste por pensar primero en la movilidad urbana antes que en autorizar desarrollos inmobiliarios. Y esto representa la gran encrucijada del desarrollo urbano, toda vez que las inversiones no se pueden detener, pero, sin embargo, corren el riesgo de que, en escenarios futuros queden en la incertidumbre sobre su rentabilidad, toda vez que la eficiencia y competitividad urbana dependen en gran medida en la calidad del sistema de transporte masivo.

Por lo tanto, habría que preguntarnos en términos de eficiencia y competitividad urbana, hasta donde aguanta la ciudad de Mérida sin un sistema de transporte masivo diseñado integralmente, y más aún, sin una estrategia para hacerse de suelo por donde se movilice de forma eficiente y sostenible a la población. Es decir, ¿cuánto tiempo más podemos esperar para que la movilidad urbana sea vista como una herramienta de planeación, en donde se visualice el futuro a través de la rentabilidad social, ambiental y económica de la ciudad?

Por: Dra. en Arq. Yolanda Fernández Martínez
Directora de Habitar y más

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