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Librería del Fondo de Cultura Económica en Mérida

Finalizaba la década de los años ochenta en Mérida, cuando en el pequeño local que hoy ocupa la oficina de la secretaria del teatro Daniel Ayala, se abrió una librería del Fondo de Cultura Económica, cuyos atractivos eran los libros que sobre todas las artes y la cultura se podían ver en sus anaqueles, y el encargado de ella, que era un defeño atento, observador y parlador.

En aquellos tiempos, yo tenía interés delirante por todo el muralismo mexicano, y ahí se vendían unos gruesos, lujosos y caros volúmenes de dicho arte. Frecuentemente, iba a comprar libros de esa naturaleza y eso llamó la atención del dependiente quien por fin me preguntó que si era pintor, y yo le dije que por qué, y el me respondió, “es rara la gente en Mérida que compra esos libros. Eres pintor?” “No, dije, me gustan los muralistas y sus obras. Nada más eso, me gustan”. Después de esa charlita, cada vez que iba de compras literarias sosteníamos una breve charla, interrumpida por otro cliente en busca de información o que iba a hacer su pago. En una de aquellas platicas me contó que había llegado a la ciudad con una tarjetita de recomendación dirigida al alcalde de Mérida, Gaspar Gómez Chacón, famoso por su apego a la poesía y la literatura.

La librería del FCE  fue tan exitosa que tuvo que cambiar de local, trasladándose a una casona en Santa Lucía donde había habitado el licenciado Santiago Burgos Brito y actualmente es sede de un hotel. La librería creció en espacios, anaqueles, contenidos y en oferta cultural,  pues abrió una cafetería llamada la Guaya, corrección que hizo Manuel a la yucatecada de decir huaya al fruto llamado también mamoncillo en Cuba. Todo mejoraba. El ambiente era incomparable en la ciudad en ese tiempo, el café de primera y las charlas muy ilustrativas.

La librería siguió haciendo ofertas novedosas y abrió un cine-club de arte que tuvo enorme éxito. Allí se podían ver obras que jamás exhibirían los cines comerciales de esa Mérida. Luego había debates o intercambio de opiniones al respecto de lo visto. A Santos Zertuche lo acompañaba el amor de una compañera.

De buenas a primeras a Manuel Santos le picó la política, apegándose a la promoción del panismo. Lo comenzó a hacer de manera un tanto escandalosa y probablemente eso hizo que su clientela se fuera alejando de la librería que ya era un referente en la ciudad.  Yo mismo me alejé del todo. Debido a eso no supe la razón real del truene de ese lugar.

Me pareció ver a Manuel Santos Zertuche en mítines, en marchas y otros eventos políticos. El fragor de la política lo había alejado de la promoción cultural que estaba haciendo de una manera única, excepcional.

Años más adelante lo escuche en un programa sabatino de Radio Universidad, lo observaba caminar por la calle 60 con ayuda de un bastón y la barba y el pelo crecidos. Así, hasta que desapareció del panorama meridano.

Resulta lamentable la desaparición de esa librería, del café la Guaya y del cine-club que allí había. Todo era producto de un hombre de ideas progresistas, cuasi izquierdistas que paró arremolinado por el encanto de la derecha azul yucateca.

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Un Comentario

  1. Hola, Víctor, me encontré con esta nota, y observo inexactitudes importantes: El FCE cerró y abrimos la librería Santa Lucía, primero en un pequeño local de la 55 y luego ya en la avenida 60. Santos Zertuche militaba en el PSUM, no en el PAN. Y, efectivamente, su desvarío arrasó con el proyecto. Un abrazo.

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