Cultura

El dinero regresa a donde sale

En varias ocasiones estuve en las urbes más grandes e importantes de Estados Unidos. Nunca por diversión. Siempre por los estudios del arte.

Sentado en sus calles o parques observando el desenvolvimiento de los trabajadores a la hora del lunch, mirando sus ropas, peinados, calzado y alimentos, me preguntaba cómo le hacían para gastar tanto dinero en la vida diaria siendo oficinistas, porteros, empleados postales, albañiles, camioneros, cajeros de una tiendita, dependientes de una tienda departamental o personal de mantenimiento de baños de cines y salas públicas.

La única respuesta se encuentra en el salario que devengaban, pagado por hora y en una cantidad suficiente para los gastos a que se someten esos trabajadores en la vida diaria. Ellos, salen de sus casas por la mañana y regresan casi al anochecer.

En Estados Unidos ningún trabajador pasa angustias para pagar la renta o comprar la despensa diaria o semanal. Ahí no hay el concepto de canasta básica. Tampoco existe un político conservador que salga a decir que “con ochenta pesos puede comer la familia”. Ahí es, al contrario. Se estimula el trabajo al máximo con un salario mejor remunerado. Trabajas de noche, ganas más; doblas turno, ganas más; haces viajes por el trabajo, ganas más. Por eso en ese país, el trabajo se vuelve adictivo y enajenante. ¿Cómo es eso posible?

Muchos trabajadores ganan arriba de dos mil dólares mensuales. Toda mi familia vive en Los Ángeles, desde hace más de 50 años. Una sobrina, trabajaba en Sears y para ir a su trabajo lo hacía en un BMW. ¿En Yucatán, alguna trabajadora de piso o mostrador de esa empresa, podría darse ese lujo?

¿Por qué allí sí y aquí no?   Es la mentalidad empresarial y política. En esa nación se fomenta la compra y el gasto de manera compulsiva. Es muy importante que ningún trabajador se quede con dinero en el bolsillo o lo conserve para ahorrar. Todo el enorme capital convertido en salario de trabajadores regresa a las mismas manos, a los empresarios que son dueños de todo lo que consume un ser humano, una familia o una sociedad. ¡Todo! Vestido, ropa, calzado, perfumes, implementos para el cabello, para el baño, la cocina, los coches, utensilios para el aseo, el jardín, la cochera, o los momentos de esparcimiento en Disneylandia o donde usted imagine.

La acumulación de capital, jamás se permite a los trabajadores, quienes tendrían que pagar enormes impuestos por querer tener ahorros bancarios. Ese privilegio corresponde únicamente a los dueños de las empresas.

Aquí tenemos esa misma clase económica, pero el empresario no quiere pagar lo suficiente para crear la costumbre de que la sociedad gaste todo su dinero en artículos diversos. Nuestros empresarios pagan para el camión del trabajador, el frijol, el arroz y la camisa de algodón. A partir de esa limitación, cualquier asalariado estará buscando la forma de completar el gasto, juntar para una bici, una moto o un carrito para poder ir al trabajo o llevar a los peques a la escuela. El mínimo salario en México regresa integro a las manos de los empresarios. ¿Quién es el dueño de la panificadora, la tortillería, la carnicería, la pollería, la distribuidora de granos y lácteos?

¿A quién pertenecen las tiendas departamentales, las salas de cine, de diversión, las destilerías o las cervecerías?

¿Por qué en Estados Unidos estimulan el aumento salarial, y en nuestro país, siempre le ponen un tope, que va siempre a lo mínimo? Yo, hasta hoy, no lo entiendo.

¿Te gustó está nota? ¡No esperes más!, Síguenos en: Facebook, Instagram, YouTube, Twitter

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Volver arriba botón
Cerca de