Bienestar Espiritual

CRISTIANO, ¿SÍ O NO?

Jesús al  pasar de este mundo al Padre, expresa su gran deseo a favor de los suyos.  En  la intimidad de la última cena,  ora  a su Padre “…que todos sean uno. Como tú Padre, en mí  y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea…” (Juan 17, 21)

                Ya es hora de pensar si en verdad soy  cristiano, seguidor de Cristo,   cuando desatiendo   su último deseo de unidad y cuando quebranto su  gran mandamiento de amarnos unos a otros  como Él nos ama.

La división del cristianismo en cientos de Iglesias y comunidades eclesiales constituye un  escándalo para el mundo, un evidente obstáculo para la credibilidad del Evangelio.  De aquí que en todos los siglos haya habido movimientos hacia la restauración de la unidad  deseada por Cristo. Pero el “movimiento ecuménico”, hacia esta  unidad cristiana,  en su sentido actual tiene sus orígenes en el siglo XX. En medio de la oscuridad de este siglo, surgió una luz de nueva fraternidad cristiana cuando  un  grupo, superando  un  pasado de cruel enfrentamiento,   se dieron cuenta  de que era más lo que los unía  que lo que los separaba.  El movimiento ecuménico fue  como un antídoto de los conflictos de sistemas totalitarios, inhumanos y anticristianos; a tal grado que ha llegado a considerarse como el mayor movimiento de paz del siglo XX.

                Volviendo al gran deseo de Jesús, vemos que la unidad no es un fin en sí, ÉL oró para que el mundo crea.  Luego, no es de extrañar la baja de fe, la secularización que palpamos, sobre todo en Europa, la  increencia o indiferencia religiosa que permea  los ámbitos de la vida.  

                Nuestra humanidad sufriente   clama por LA PAZ. Aprendamos de la historia, mirando a vuelo de pájaro el siglo pasado, retomando aquel movimiento pacificador, quizás podamos tomar  el camino hacia  un nuevo ecumenismo. Entonces, dicho impulso del Espíritu también surge  en momentos difíciles, violentos. Se inicia con  la formación de  grupos de oración por la unidad de los cristianos. Estos cristalizaron  en la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo en 1910 que propició un ecumenismo en grupos  más organizados.  Tras la Segunda Guerra Mundial, en 1948 en Ámsterdam,  éstos se fundieron   en el Consejo Mundial de Iglesias. La Iglesia católica, siguió su ejemplo en l960 con un Secretariado, hoy  Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Hasta la fecha ambos Consejos organizan unidos  la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

El Espíritu Santo, agente de amor, nos  irá inspirando caminos hacia la unidad deseada por Jesucristo, en estos momentos difíciles e inciertos. Lo esencial es nuestra escucha y fidelidad. Si en verdad soy cristiano, responderé al gran deseo de Jesús y al clamor universal de paz. En medio de nuestra más difícil situación, siempre será posible  “el ecumenismo espiritual”,  “alma  del movimiento ecuménico”, como dice el gran promotor del ecumenismo,  Abad lionés Paul Couturier.

Teresa Ochoa Godoy, r. J.M.

                                                                Mérida, Yucatán, junio 27 de 2020

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