CulturaEntérate

De toros para las lidias y toros para la danza

“Corrida de toros”
Pablo Picasso – 1934

Ya establecida la colonia en Yucatán, los residentes españoles introdujeron el ganado, creando las bases para el desarrollo de las estancias y ranchos ganaderos; asimismo trajeron varios tipos de árboles y plantas de utilidad doméstica -como los cítricos y el desarrollo del algodón-, que fueron cambiando el panorama del anterior entorno o ecosistema maya.

Junto con los astados y las plantas mencionadas, vinieron las diversiones, las dulzainas, trompetas y chirimías. Uno de los primeros divertimentos implantados en Mérida por los colonizadores, y mencionado en documentos de 1608, es la de la corrida de toros. Pero antes de ese año que nos indica la toma de posesión de Felipe III como rey de España, y sus territorios de ultramar, el fraile Antonio de Ciudad Real en 1588, en su Tratado Curioso y Docto de las Grandezas de la Nueva España, nos habla de que los mayas que se habían acomodado a la nueva realidad, bailaban danzas de la tierra y españolas, manejaban títeres, hacían momerías, cantaban cantos de capilla, hacían danza teatro (baile y actuación), imitaban magistralmente a ciertos pájaros mientras danzaban y oraban y cantaban motetes. El acopio de esta información artística no fue tomada de un solo lugar, por el contrario pertenecen a lo que es la extensa ruta de los conventos, que los franciscanos habían construido como centros de evangelización. Todos ellos están en la zona centro-sur y este del estado. En la actualidad se le conoce como la ruta turística de los conventos. Los lugares donde Ciudad Real recoge información son: Tekax, Oxcutzcab, Manì, Teabo, Mama, Tekit, Hocabà, Homùn, Seye, Kanasin, y Mérida. Esta información artística la recoge a 42 años de haber llegado, en 1546, los primeros evangelizadores a Mérida, encabezados por Luis de Villalpando.

En los 66 años que median entre la fecha fundacional de la ciudad y el año señalado de 1608, deben haber habido corrida de toros, porque no creemos que de pronto surja tal actividad, debido a que para una fiesta de tal naturaleza se necesitan toros de lidia, o de cierta casta. ¿Cómo serían las corridas de toros de ese siglo XVII? ¿Quienes serían los toreros, los rejoneadores, o sea, los encargados de los tercios? ¿Habría juez de plaza, trajes especiales, orquesta y música de toros? ¿Sería la plaza de toros, el llamado tablado de los pueblos, construido de bejucos, troncos y palmas de huano como se utiliza hasta hoy, para las celebraciones del santoral cristiano? ¿Quiénes agarraban la muletilla y el capote? ¿Españoles, o gente de la “tierra”, como se decía entonces?

Para este trabajo no es tan importante la historia de la tauromaquia en Yucatán, sino el nombre de la fiesta, es decir: “Toros”, porque de este sustantivo, deriva unos de los bailes más antiguos de la península y que por un aparente desconocimiento de nuestros “investigadores” de folclore, no los tienen en consideración como antecedentes de nuestra jarana, dentro de la cual, existen el Toro Grande, el Torito y Tutu Hua.

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Volver arriba botón
error: Este contenido está protegido. Gracias.