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El clima y su relación con las enfermedades infecciosas.

El ser humano sabe desde mucho antes de que se descubrieran los agentes infecciosos a finales del siglo XIX, que las condiciones climáticas influyen en las enfermedades epidémicas. Los aristócratas se retiraban en verano a casas de campo en las colinas para evitar la malaria.

Los agentes infecciosos varían mucho en tamaño, tipo y modo de transmisión. Existen virus, bacterias, protozoos y parásitos pluricelulares. Estos microorganismos han experimentado una adaptación evolutiva en la especie humana como principal huésped.

También existe la transmisión de enfermedades por vectores (principalmente insectos) en las cuales intervienen la supervivencia y la reproducción del vector, tasa de picadura y tasa de incubación de microorganismos patógenos en su interior. Tanto los vectores como los microorganismos patógenos y huéspedes, sobreviven y se reproducen en un intervalo de condiciones climáticas óptimas.

Las principales son la temperatura y la precipitación, aunque también son importantes la altitud sobre el nivel del mar, los vientos y la duración de la luz solar. Las precipitaciones pueden influir en el transporte y la propagación de agentes infecciosos, y la temperatura influye determinantemente en su desarrollo y supervivencia.

Influencia climática en las enfermedades infecciosas
Existen tres categorías de investigaciones sobre la relación entre las condiciones climáticas y la transmisión de enfermedades. En la primera se analizan las pruebas científicas de asociaciones entre la variabilidad climática y la frecuencia de enfermedades infecciosas en el pasado. La segunda estudia los indicadores de efectos del cambio climático a largo plazo que empiezan ya a manifestarse en las enfermedades infecciosas.

Finalmente, en la tercera se utilizan las pruebas de las dos anteriores para crear modelos de predicción, y estimar la cantidad de personas que podrían infectarse dentro de escenarios proyectados de cambio climático.

Existen muchas pruebas científicas que demuestran la relación existente entre las condiciones climáticas y las enfermedades infecciosas. Por ejemplo, la malaria es un gran problema de salud pública y probablemente sea la enfermedad transmitida por vectores más influenciada por el cambio climático a largo plazo. En las zonas donde afecta en mayor proporción, su frecuencia varía con las estaciones.

La relación entre la malaria y los fenómenos meteorológicos extremos es objeto de estudio desde hace mucho tiempo, por ejemplo. A principios del siglo pasado, en la región del Punjab, India, irrigada con aguas fluviales, se presentaron epidemias periódicas de malaria, sobre todo por las excesivas precipitaciones monzónicas y el alto grado de humedad, que favorecen la multiplicación y la supervivencia del mosquito. Algo similar ocurre en la temporada de lluvias sobre la península de Yucatán, aumentando los casos de dengue y recientemente Chikungunya o Zika. Juan Antonio Palma Solis

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