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Mujer y Ciudad

Por la Dra. en Arq. Yolanda Fernández Martínez

Mujer y ciudad es un manifiesto por reconsiderar que hay que visibilizar las necesidades diferenciadas entre hombres y mujeres en el espacio público. Y ésta es una obligación insoslayable del Estado y también implica tener un posicionamiento político y filosófico. Hacer ciudad es hacer política, y pensar la ciudad desde la perspectiva de la mujer, es un acto genuino de gobernanza, equidad y coherencia.

En un acto de sororidad y por el simple hecho de lo que experimentamos en la vida cotidiana, me permito reflexionar sobre lo que le corresponde al ámbito urbano desde la perspectiva de género. La lucha femenina por conseguir los mismos derechos, igualdades y reconocimientos en el ámbito laboral, así como el respeto y un alto a la violencia, muchas veces desde el mismo seno familiar, no puede pasar desaperciba en uno de los escenarios en dónde más se nos vulnerabiliza.

La ciudad en toda su plenitud, con sus calles, avenidas y sistema de movilidad, es el lugar en donde la lucha diaria de la mujer por cumplir con sus actividades laborales y familiares queda en total evidencia de que en nosotras no se piensa al momento de planear y diseñar, desde las políticas públicas hasta el mismo espacio urbano.

La retórica es poderosa para ser aplaudida en momentos de inauguraciones o en inicios de grandes anuncios de proyectos y obras. Pero la experiencia cotidiana supera en mucho cualquier “buena” intención por mejorar la calidad de vida en la ciudad.

El 9 de marzo será una fecha inigualable y que marcará una nueva visión que la sociedad tendrá sobre el papel de la mujer. Las instituciones deberán de comprender que el ejercicio por la igualdad de derechos no se sostiene con tener igual número de hombres que de mujeres.

La lucha por la equidad y el respeto por la mujer tendrá una nueva dimensión en el ambiente laboral y habrá que preguntarnos y cuestionar desde cualquier posición y experiencias a lo largo del camino profesional, qué hubiera pasado con haber tenido desde siempre, otras oportunidades de crecimiento y de participación, que lograran trascender en el diseño de políticas para mejorar las condiciones urbanas y de movilidad de la ciudad y como consecuencia, mejor calidad de vida.

Hay que tomar en cuenta que cuando hablamos de ambiente laboral y mujeres, estamos reconociendo a todo este grupo poblacional que deja la casa, los hijos y la familia para salir a ganarse el sustento y debe de enfrentarse a cualquier cantidad de obstáculos en la calle y en el transporte público. Así como al acceso de equipamientos públicos, mercados, escuelas, parques y clínicas, los cuales al quedar alejados o al no existir en sus poblaciones, ponen en situación de desigualdad a estas mujeres. Es decir, las oportunidades para el desarrollo personal se limitan o de plano, no existen.

Por tanto, habría que dar datos y cifras que sostengan las iniciativas gubernamentales en términos de perspectiva de género. ¿Hasta qué punto el dinero que se invierte en la ciudad contribuye a darle mejores condiciones de movilidad a las mujeres? O bien, ¿cómo se garantiza la percepción de seguridad que las mujeres tienen sobre viajar en transporte público o caminar por calles sin aceras, sin iluminación y con maleza?

También había que considerar todos aquellos equipamientos públicos como guarderías, escuelas básicas, parques, clínicas y mercados, que deberían de localizarse estratégicamente para garantizar los desplazamientos cortos y productivos en los recorridos diarios de la mujer. Mujer y ciudad es un manifiesto por reconsiderar que hay que visibilizar las necesidades diferenciadas entre hombres y mujeres en el espacio público. Y ésta es una obligación insoslayable del Estado y también implica tener un posicionamiento político y filosófico. Hacer ciudad es hacer política, y pensar la ciudad desde la perspectiva de la mujer, es un acto genuino de gobernanza, equidad y coherencia.

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